25 de julio de 2013 / 12:35 a.m.

 

Monterrey • Entre lágrimas y aplausos, canticos y oraciones, se le dio el último adiós a Ever Armando Esparza Robles, la víctima más joven de la explosión en Ternium.

Cerca las 14:30 horas de este miércoles y en el panteón San José, al poniente de Monterrey, se reunieron al menos un centenar de familiares, amigos, vecinos y compañeros de trabajo para despedir al hombre de 19 años, quien junto con otras cinco personas falleció a causa del incendio en la planta de San Nicolás de esta empresa.

"¡Mi hermanito!, ya no lo voy a ver", gritó Elda Abigail Esparza Robles, hermana mayor de Ever Armando al momento en que descendía el ataúd.

"¡¿Por qué te fuiste?! ¡¿Por qué?!", añadió sollozando y lanza las preguntas al viento al observar el féretro sellado donde yacían los restos del menor de la familia.

Alegre, bromista, responsable, servicial y trabajador, fueron algunas de las características con las que recordaron a este joven que la tarde del lunes cumplía con su empleo en el área de mantenimiento de Ternium, el cual había conseguido nueve meses atrás.

El joven resultó herido de gravedad por una explosión y unas horas se le arrebató la vida.

"La fortaleza es que él ya está con Dios, él ya es más que vencedor", dijo Jorge Sauceda, pastor de la Iglesia a la que acudía con su familia.

Previo a su entierro, los padres de Ever, Armando Esparza y Sofía Robles, y sus hermanos, Edgar y Elda Abigail se despedían del menor de los tres, en el velorio realizado en la Iglesia evangélica Comunidad Apostólica de Jesucristo, ubicada en la Colonia Alianza.

La música fue su gran pasión, dominaba al menos seis instrumentos que por casi 10 años tocó como parte del grupo de alabanza, del mismo altar que se convirtió en el lugar de su última predicación.

"Él les está dando su última predicación, la de vivir todos los días en el evangelio, porque todos sabemos el día de nuestro nacimiento, pero no conocemos cuando vamos a morir".

Ever participaba en equipos deportivos y tenía el sueño de ingresar a la universidad a estudiar administración de empresas, sueño que ahora servirá de inspiración para sus hermanos.

"Su propósito de él era estudiar, él iba a la universidad a hacer algunos exámenes pero no pudo pasar porque su trabajo no le permitía estar constante en el estudio, de estar macheteando lo que él iba a presentar".

Por el apoyo que se les brindó, la familia se mostró sin reclamos a la empresa ternium, ya que más que un accidente, lo consideran parte del propósito de Dios.

"Tal vez es un propósito de Dios para que algunos jóvenes cambien y que miren el testimonio de él".

NADIA VENEGAS