13 de junio de 2014 / 02:14 a.m.

Iquitos es mucho más fea de lo que imaginaba.  Y discúlpenme amigos peruanos si los ofendo, pero el aglomeramiento humano que se percibe en la capital amazónica es apabullante.  Más de quince mil ‘moto taxis’ se contorsionan entre las callejuelas de la ciudad como si avanzasen en un frenesí imposible de describir  ¿Cuántas? ¡Sí!  Ensordecen cada esquina y obligan a los oficiales de tránsito a resonar el silbato como si fuesen árbitros de futbol.

Con el típico diseño colonial de fines del XIX, el casco céntrico convive con varios edificios históricos y decenas de negocios que ofrecen todo tipo de artículos electrónicos.  A simple viste el contrabando es  grosero. Cada media cuadra se ofrecen pantallas planas y cada doscientos metros los celulares de Carlos Slim dominan  la escena. Los vendedores se desparraman con desgano y prefieren hundirse en su teléfono que fijarse si tienen clientes en su local.

¿Por qué Iquitos es así? Se supone que la capital de la amazonia peruana era el destino soñado por la mayoría de aventureros e industriales.  Su ubicación estratégica como puerto obligado hacia el Brasil la había posicionado como la preferida por inversionistas y terratenientes.

Pero no. Su cuenca fluvial sigue destilando petróleo y los aserraderos han ganado terreno. Las mafias del contrabando ingresan contenedores  con desparpajo y lo cotidiano en Iquitos se asemeja a la mediocridad social.

Duele pero es así. Te lo dice el taxista y el vendedor. Las advertencias sobre lo peligroso e inseguro también las repiten quienes tienen dos minutos de conocerte.  Es tan simple como animarnos a creerle a nuestros sentidos. Con poco te das cuenta cuando una situación está mal.  Lo mismo percibí en las fronterizas Ciudad del Este (Paraguay) y Mesilla (Guatemala). El conjunto  que forman los comercios, la ciudadanía y el diseño urbano está podrido desde la base.

¿A quién le conviene esta decadencia? Queda claro que a los grandes flujos del comercio ilegal. Iquitos se transformó en el mercado trasero del río Amazonas y pocos funcionarios locales quieren levantar acusaciones puntuales. 

“No, no…sobre el lado brasilero todo está muy bien. Las redes de comunicaciones son excelentes”, remarcan  la diferencia cuando les consultas sobre el histórico aislamiento de la zona. Pareciese que sus primos cariocas hacen todo bien y ellos se hunden en lo mismo. Imagínense, apenas hace cuatro meses se inauguró la primera red inalámbrica (3G) de la ciudad.

Se siente raro impregnarse de tanto descontento en poquísimo tiempo. Ojalá nuestro viaje hasta Manaos (sede mundialista) vaya cambiando esta perspectiva. Por delante tendremos casi dos mil kilómetros de río y una decena de poblados que deberá sacar la casta por este vapuleado y aletargado Iquitos.