25 de enero de 2013 / 04:38 a.m.

En un recorrido por la ciudad se pudo obtener el testimonio de varios trabajadores, algunos manifestaron que para ganar lo que gana un diputado, tendrían que trabajar por años.

 Monterrey.- • Quien fuera diputado. Así piensan mucho regiomontanos, que para ganar lo que un legislador gana en un mes, tendrían que trabajar durante años.

Porque la vida no es pareja, y hay gente que trabaja mucho, y sin embargo, su sueldo es mínimo.

En un recorrido por la ciudad, echamos un vistazo a los que trabajan por su cuenta, obreros, taxistas y vimos cuanto ganan.

Ninguno superó, ni siquiera alcanzó lo que gana un legislador.

Armando Barrón es uno de ellos. Trabaja diez horas diarias como bolero, para ir sacando, como él dice, "un chivito rabón".

“Uno los ve ahí en el Congreso, nomás con su tableta, cotorreando, y nosotros, trabajando”, comentó.

Él gana unos 150 pesos diarios trabajando todo el día, y para ganar lo que el diputado gana en un mes “tendría que trabajar como 80 años”, dice, y si bien las cuentas no salen, es por la inmensidad que representa un salario así para alguien que apenas percibe 4 mil 500 pesos mensuales.

“Y que no llueva, porque no los junto”, dice, mientras sigue cepillando unos zapatos que le encargaron.

Guillermina González gana más. Ella vende lonches, tacos, pastelitos, galletas, frutas, por el centro de la ciudad.

A veces saca hasta 300 pesos. Pero ni aún así, completa lo que gana un legislador.

“Es mucho dinero lo que ganan, porque se les da gasto para representación, se les da computadora, viáticos, se les dan muchas cosas”.

Ella camina por las calles del centro, haga sol, lluvia o granice, porque tiene que sacar para vivir.

Nomás en una cosa se parece a los diputados, dice con una sonrisa: en que nomás trabaja un ratito.

Don Anselmo Valle, en cambio, no puede decir lo mismo. A sus 70 años ha visto pasar muchos diputados. 23 legislaturas, para ser exactos, más la que corre en la actualidad. Es decir, vio pasar mucho dinero por las curules, y hoy, él no tiene ni una pensión, porque se perdieron sus años trabajados.

En su tiempo ganó bien. Tanto como puede ganar un oficial soldador certificado, pero luego, con la edad, todo se acabó, y ahora tiene que vender lo que pueda, para ir sobreviviendo.

“Usted sabe, en su tiempo, conforme aprendía más, me pagaban más, pero ahora, estoy a lo que Dios mande, nada más”.

Martín Antopía es taxista, y trabaja desde las seis de la mañana hasta las seis de la tarde. A lo largo del día, toma el volante a intervalos, duerme en otros ratos, para aprovechar las horas en que hay mayor cantidad de pasajeros buscando un taxi.

“Gano unos 800 pesos, pero la mitad es para el taxi. La ventaja es que todos los días agarramos algo de dinero, y ya lo llevamos a casa, y ahí nos la llevamos”, dice el trabajador del volante, con diez años de experiencia en la rodada por las calles de Monterrey.

Así es la vida. Ellos, con 80 mil pesos podrían vivir muchos años. Y a otros, sentados en su curul, se les hace poco.

FRANCISCO ZÚÑIGA