21 de junio de 2014 / 01:19 a.m.

Este viernes tuve el placer de ver dos cosas que me han llenado de satisfacción y gusto al ver en vivo en el estadio Arena Pernambuco en la ciudad de Recife, en Brasil, el partido de Italia contra Costa Rica. La primera cosa que me hizo muy feliz fue ver por tercera vez en mi vida a Andrea Pirlo en vivo. No es lo mismo verlo en televisión que en vivo, qué genio que es. No podía despegar ni un momento mi mirada sobre este magnífico jugador. Sus tachones parece que están hechos de terciopelo. Tiene dos cosas que lo hacen un superdotado: la primera es la velocidad con la que piensa, el sentido de su anticipación me dejó perplejo, y la segunda, su técnica individual, ya que no necesita darle dos toques a la pelota para abrir la cancha, tirar un pase largo, tirarlo corto, tiene un manejo espectacular de la pelota de primera intención. Dios me va a permitir volverlo a ver la próxima semana cuando Uruguay enfrenté a Italia en Natal. Ahí estaré y seguramente lo voy a disfrutar enormemente.

Por otra parte lo de Costa Rica es sobresaliente, juegan como reloj. Asumen una línea de cinco en el fondo, los centrales de características similares. El carrilero izquierdo Junior Díaz es un espectáculo. Dos contenciones fijos que son más recuperadores que lanzadores y arriba tres delanteros que son unos verdaderos demonios. El punta es Campbell, juega en Grecia, pero le pertenece al Arsenal de Inglaterra. Bryan Ruiz que juega en el PSV Eindhoven, este es un fenómeno, fue el que nos vacunó en la eliminatoria y el otro es una maravilla de habilidad, se llama Christian Bolaños y juega en Dinamarca.

El juego de ellos es fantástico, cierran muy bien los espacios, tienen un pressing muy agresivo y un desdoble ofensivo devorador. Son un equipazo. Ya avanzaron a octavos y ahora esperarán enfrentar a Colombia o a Costa de Marfil, en mi opinión, creo que será contra los africanos. Costa Rica y Pirlo tienen mucho parecido; el talento los ilumina a los dos.