Rogelio Agustín 
20 de agosto de 2013 / 10:48 p.m.

 

Guerrero • Desde la Casa de Justicia de la Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias de El Paraíso, municipio de Ayutla de los Libres, tres mujeres sujetas a reeducación advirtieron a sus familias que ya no soportan malos tratos, hacinamiento, incomunicación y problemas de salud. Sus madres temen que recurran al suicidio y piden que sus casos se revisen cuanto antes.

Los casos expuestos esta mañana en Chilpancingo son los de Katya Spinoso Bolaños, una joven de 24 años de edad, originaria del estado de Veracruz; Yesenia Castillo García y Dulce Rubí Burgos Pérez, ambas de 17 años y habitantes de la cabecera municipal de Olinalá.

La señora Adriana Bolaños Gutiérrez sostiene que conoció Guerrero hasta hace tres meses, luego de que su hija Katya Spinoso fuera detenida por elementos de la CRAC y trasladada a la Casa de Justicia de El Paraíso.

Viajó desde Veracruz acompañada de una prima y se enteró de que la captura se Katya se desarrolló en el centro de Olinalá, lugar al que viajó desde Tlapa acompañada de una amiga para comprar artesanías.

Por la noche se metió a un canta bar a observar un partido de futbol y al retirarse la capturó la Policía Ciudadana, luego de que se suscitara una riña en la que un joven llamado Pedro hirió a otro de un balazo en la pierna.

Bolaños Gutiérrez sostiene que la detención fue ordenada por la coordinadora de la PC, Nestora Salgado, sus elementos la bajaron de un taxi por la fuerza y casi de inmediato la trasladaron hacia El Paraíso.

“La trajeron en una camioneta por espacio de 11 horas, la sometieron y cuando pedía permiso, no la dejaron ir al baño, eso propició que realizara el viaje orinada, en la caja trasera a pesar de que llovía”.

Katia tiene la presencia de una joven sana porque hace ejercicio, pero su madre asegura que tiene un padecimiento en la vejiga, lo que la obliga frecuentemente a ir al baño para orinar.

Al enterarse de lo que pasaba con su hija, la mujer viajó a Guerrero y se presentó en la comunidad de El Paraíso, observó a su hija en una celda pequeña junto con casi 70 personas más, lo que describió como un cuadro deprimente.

Solo arroz y frijoles

“Había en ese lugar hombres, mujeres y niños juntos, me dijo que los tratan muy mal, que apenas comen arroz y frijoles, que muchas veces algunos no alcanzan ración y que los ponen a trabajar de manera constante en las peores condiciones”.

“Los ponen a cargar cubetas de agua, a matar y pelar pollos cuando los comunitarios tienen reunión, de manera recurrente los mueven en varias poblaciones cerca de Paraíso para que realicen diferentes actividades, como limpiar sacos de frijol a plena luz de día”, indicó la madre.

Hace cinco meses, Katya llegó a Tlapa de visita con una amiga, ahí recibió una oferta de trabajo y decidió quedarse para conocer una nueva ciudad, no tiene profesión y el puesto que desempeñaba era de asistente en un despacho.

La señora Adriana decidió presentar una denuncia penal ante la Procuraduría General de Justicia del Estado y luego recurrió a la Comisión Estatal de Derechos Humanos. No lo hizo al principio porque optó por acatar las órdenes de los coordinadores de la CRAC.

Confiaba en que Katya recuperaría su libertad, entre otras cosas porque su presunto acompañante declaró que no la conocía, que ignoraba la razón por la que estaba detenida.

“Ya estaban a punto de entregarla, pero los comunitarios de Ayutla se comunicaron con Nestora y ella les dijo que no lo hicieran, que la acusaba de prostitución; a pesar de que no la detuvo en ninguna casa de citas ni con droga”, apuntó.

Para fortalecer la defensa de Katya, la CRAC solicitó la entrega de cartas de buena conducta, documentos que la familia reunió de manera abundante, pero todos los papeles fueron desechados.

Ya no aguantan

Junto con Katya permanecen en la Casa de Justicia dos menores de 17 años, ellas solamente tienen derecho a entrevistarse con sus familias durante 15 minutos.

“La última vez que la ví, me dijo que ya no aguantan más, que sus cuerpos están débiles y que prefieren morir antes que seguir en ese lugar”.

Yesenia Castillo García fue detenida por la comunitaria por escaparse de la escuela e irse de pinta. En los tres meses que lleva sujeta a reeducación ha padecido diarreas, fiebre, enfermedades de la piel, infecciones gastrointestinales y vaginales.

“Se nos empiojaron, les dio una especie de sarna y para intentar curarlas les echaron diesel con alcohol”.

Para los familiares del lugar las visitas de rutina consisten en solo 10 minutos de charla; en el caso de Katya, cuya madre llegó desde Veracruz, el tiempo conferido fue de 15 minutos.

Petra Pérez Hernández, madre de Dulce Rubí Burgos, lamenta que por salirse de la escuela el 10 de junio del presente año, su hija quedara en manos de la CRAC y desde entonces permanezca cautiva en la Casa de Justicia de Ayutla.

“Nos dijeron que se las llevaron por nada, pero que las reeducarían y que estarían muy bien, pero las tienen muy mal y casi no les dan de comer, incluso nos dicen que los policías las fueron manoseando durante el traslado”, acusó.