18 de abril de 2013 / 11:45 a.m.

Monterrey • ""No puedo regresar porque me matan y además aquí soy feliz. Gano mucho dinero, me compro cosas bonitas y ahora tengo miedo de volver al rancho y perder todo esto. Ya no sé qué hacer. El día que maten al jefe de plaza que me tiene marcada quizás me quede aquí. Lloro cada vez que pienso que no veré más a mi familia porque decidí este tipo de vida""”. Cintia habla con tranquilidad pero las lágrimas le ganan. Su calvario es tan personal que pocas compañeras saben que ni siquiera es de Monterrey.

Nacida en una familia de clase media de Mexicali, fue secuestrada cuando salía de su casa y luego de ser liberada por el Ejército huyó hacía el anonimato regio. Empezó de bailarina, volvió a disfrutar del dinero y lo impensado pasó. ""Neta que no sé cómo dejar esta vida. Ni loca me voy a la maquila a ganar tres pesos y mucho menos que mis padres sepan que me dedico a esto"".

""Me había quedado sin chamba y varios pósters donde pedían meseras me convencieron. No lo pensé mucho, porque era cerca de mi casa, pero pues… creí que era un bar normal. Ya cuando entré y vi que era un table me quería morir… de la pena, ¿verdad? Pero ¿qué le hacía? Mi esposo no quiere salir a buscar chamba y anda de huevón tomando guamas todo el día"", detalla Alejandra con timidez. Tiene 26 años y cursa el tercer semestre de Administración de Empresas.

Desde 2010 trabaja en uno de los cabarets más añejos de la ciudad y la necesidad del dinero y poder ayudar a su hijo la motivaron.

""Aunque al principio me moría de la pena porque me daba mucha cosa que los hombres me vieran desnuda. Pero ¿sabe qué? Luego lo aprendí a tomar como un trabajo más y además nunca le hago a lo del sexo"".

Mencionar la confusión que puede haber entre bailarinas y sexoservidoras proyecta una realidad que asusta a la mayoría de las trabajadoras. ""Mi esposo no sabe que trabajo de bailarina y espero que nunca se entere. Él sabe que soy mesera y nada más. No me animo a decirle la verdad, aunque… siendo sincera, me va muy bien, soy responsable con mi hijo y me pago la universidad. Espero que en poco tiempo, si Dios quiere, ya seré licenciada y podré seguir chambeando en un despacho como una chava normal"".

Cintia escucha la palabra ""normal"" y esboza una sonrisa.""El secreto que aprendí es que darle placeres a los hombres no tiene nada de malo. Lo tomo como una profesión que asumí con todas las consecuencias que eso signifique y me vale madre lo que piensen. Eso sí, y te repito, a mis padres nunca querría decirles, pero estoy orgullosa de aguantar vara solita y salir adelante en un ambiente que es muy criticado"". 

SANTIAGO FOURCADE