8 de diciembre de 2013 / 11:39 p.m.

Monterrey.- No era Central Park ni la Octava Avenida, era Constitución y la Explanada de los Héroes donde miles de regiomontanos decidieron conmemorar la Navidad al estilo neoyorquino, como de gran urbe, aunque sin la preparación vial para tal evento: un desfile con globos colosales surcando el primer cuadro de Monterrey.

Los autos y camionetas a exceso de velocidad cedieron su paso por los carriles express a un Superman que volaba en picada, un Batman que recordaba al disfraz de un joven Adam West y un Popeye que a primera instancia parecía aletargado y que al abrir las espinacas y aspirar helio decidió levantarse para volar a pocos metros del suelo para la alegría de chicos y grandes.

Desde medianoche las calles fueron cerradas y, aunque las bajas temperaturas amenazaron con que hubiera poca afluencia, el sol decidió hacer acto de presencia junto con las familias que poco a poco fueron llenando los espacios destinados para el desfile integrado por 46 globos y cerca de 70 contingentes.

Los más chicos observaban flotar a Superman y Batman al inicio del desfile. Los padres de familia disfrutaban igual. Era la primera vez que un desfile de este tipo de condiciones llegaba a la ciudad; incluso al país. Sin embargo, el espíritu mexicano de ser el primero en observar todo sin importar la afectación al tercero no se hizo esperar.

Automovilistas prácticamente dejaron sus vehículos en plena avenida Constitución aprovechando el caos vial para tomar la fotografía del desfile y subirla a redes sociales o como un recuerdo. "'Ira, el Superman pa'l face", señaló un joven veinteañero a un amigo al tiempo que le mostraba su teléfono celular, en donde yacía una fotografía con él sosteniendo al Hombre de Acero con ambos brazos, como deteniendo a la colosal figura de casi 10 metros de longitud.

Otros simplemente bajaron la velocidad, aunque no por ello afectan menos. Un hombre gira su cabeza para observar los globos antes de iniciar el desfile, sin ver que el auto frente a él también se detiene. El choque parece inminente, hasta que frena y las llantas rechinan. Cual as del volante, gira el mismo con una sola mano evadiendo el auto e incorporándose al carril contiguo para luego desacelerar y seguir viendo los globos.

El desfile comienzó y los gritos no se hacieron esperar. Los niños taparon un poco sus ojos para que los rayos del sol no afectaran su visión. Algunos adultos cargaban a los más pequeños sobre sus hombros. Ambos tenían la misma expresión de sorpresa, júbilo y alegría. Los grandes vuelven a ser niños y los pequeños se comportaron como tal.

Por un momento, por un espacio de casi dos horas, todo era felicidad, alegría y sorpresa. Es el mismo gusto ver a los integrantes de la Liga de la Justicia en dimensiones gigantescas como lo es ver a Popeye o a los Pitufos; es lo mismo ver y escuchar a la batucada que a las porristas de los Rayados del Monterrey; e incluso ver a Blue Demon en un convertible azul.

"¿Dónde dejaste al Santo, Demon?", gritó un hombre al ícono del pancracio mexicano mientras éste sólo encogía los hombros y señalaba a las dos rubias que lo acompañaban, como disculpándose sin siquiera sentir un lamento de no estar acompañado por el Enmascarado de Plata.

De pronto, así como inició, el desfile terminó. Las calles y avenidas se colapsan ante el tumulto de gente. Unos se atravesaron a los autos, regresando al caos habitual pero extendido. Otros simplemente aguardaron en el interior de sus vehículos. De nada sirvió gritar y desesperarse por las familias que atravesaban por Constitución como paseo peatonal, cuando su auto estaba estacionado y hay al menos otra decena de vehículos hasta en cuatro filas.

Después de varios minutos, sonidos de claxons y de esquivar a varias familias, el automovilista regresó a la normalidad. El caos originado por el desfile valió la pena, señalaron algunos. "Es que todo se vale con tal de ver a los niños felices", señaló un cuarentón mientras ve en su celular la fotografía con un Batman y con una sonrisa de oreja a oreja. En época navideña es más sencillo que los grandes vuelvan a ser niños.

Israel Santacruz