25 de febrero de 2013 / 02:19 p.m.

Monterrey • “"¿La División del Norte? Bueno, pues esa viene de Francisco Villa, de acuerdo a datos de la historia. El PAN es uno solo"”, afirmó tajante la alcaldesa de Monterrey, Margarita Arellanes, el pasado 17 de febrero.

Su respuesta sintetiza el dogma panista: nunca ventilar en público sus diferencias, y lavar la ropa sucia en casa… aunque las pruebas de existencia de la nueva corriente albiazul estén por doquier en los pasillos del Palacio Municipal.

Funcionarios de primer nivel, directores, coordinadores y regidores de la administración se han placeado sin empacho alguno con distintivos de este grupo en la solapa y collares, una suerte de W con una estrella encima, logo que también es utilizado como avatar en redes sociales por varios de sus integrantes.

Un allegado a la organización, militante panista y servidor público en el municipio de Monterrey, develó detalles y planes de este grupo, bajo la condición de permanecer en el anonimato.

“"La finalidad o el objetivo principal es tener mayor poder de decisión dentro del partido, así como cíclicamente ha habido diferentes etapas en el PAN (…), aquí en el municipio sí hay personas que comulgan con esas ideas, que están trabajando, no para confrontar, sino, insisto, para tener más fuerza en las decisiones, y ya no solamente 3 o 4 personas"”, refirió.

La fuente se remontó a la historia del PAN de Nuevo León, cuando era liderada por los Tradicionales, seguido de la Vieja Cúpula y recientemente la Neocúpula, con su Santísima Trinidad.

A su juicio, el ciclo de este último grupo llegó a su fin, y en ese sentido, señala que el término División del Norte se acuñó como una muestra de esa rebeldía que llevó a crear la unidad militar con ese mote en 1913, trasladada ahora a dominar el Consejo Estatal del partido y, por ende, el juego político en 2015.

“"Todo este tipo de movimientos (…) siempre han sido movimientos que en su momento han sido tachados de rebeldía, siempre ha sido así… la referencia es en este sentido.

“No se trata sacar de la jugada completamente a nadie, porque realmente ocupamos de todos, en un partido político hay que saber negociar"”, consideró el funcionario.

Hoy, esta nueva corriente avanza en varios municipios metropolitanos emanados del albiazul, nutrida por militantes inconformes con los designios de la citada Neocúpula.

En la administración de Arellanes circulan nombres como el de Rodolfo Yáñez, director de Recursos Humanos; Venancio Aguirre, primer regidor del Ayuntamiento; Elizabeth Rosas, secretaria de Desarrollo Social y esposa de Aguirre; además de David Gutiérrez, director operativo de la zona poniente de Servicios Públicos, como piezas de esta agrupación.

Aunque la molestia con la Santísima Trinidad y conformación de grupos al interior del panismo data desde hace años, la División del Norte se fortaleció y nació durante la campaña local de 2012.

El tema es todavía un tabú en la administración regiomontana: se habla en secreto, en conversaciones vía WhatsApp o fuera del palacio.

La historia dicta que las tropas de Álvaro Obregón derrotaron en 1915 a la División del Norte de Francisco Villa: la versión recargada de los panistas buscará, 100 años después, controlar el partido y las designaciones a la gubernatura, alcaldías y diputaciones, a la espera de tener mejor suerte que el grupo original.

“"A un panista no le gusta que le ordenes, y le digas qué es lo que haga, al panista le gusta estar convencido de lo que hace"”, sostuvo el allegado.

LUIS GARCÍA