20 de julio de 2013 / 05:34 p.m.

"Cuando contaba 13 años, estaba más bien gordito y no tenía aparentemente forma de mejorar. Le daba vergüenza y se escondía detrás de la piscina. No quería entrenar"

Iván Enderica, corpulento y de piel tersa, brillante y bañada por el sol y la sal mediterránea, irradia la felicidad propia de la juventud y el logro del séptimo puesto conseguido el sábado en el mundial de natación de Barcelona en la prueba de los 5 kilómetros en aguas abiertas, la mejor marca de la historia en la modalidad en Ecuador.

No siempre todo fue tan bello para el nativo de Cuenca, de 21 años, explica su entrenador personal, el cubano David Martínez.

"Cuando contaba 13 años, estaba más bien gordito y no tenía aparentemente forma de mejorar. Le daba vergüenza y se escondía detrás de la piscina. No quería entrenar", revela. "Un buen día su papá vino y dijo que se lo llevaba de allí, que él no estaba para perder el tiempo. Pero finalmente le convencí de que no lo hiciera, que tuviera paciencia. Lo de Iván era un problema mental".

La persistencia del preparador, quien lleva ocho años dirigiendo al nadador, valió la pena a final de cuentas. Tras competir en los Juegos Olímpicos de Londres 2012, donde acabó 21ro, siendo el primer ecuatoriano en clasificar, Enderica mejoró sus resultados en Barcelona, donde obtuvo el segundo mejor tiempo entre los nadadores latinoamericanos, justo por detrás del brasileño Samuel De Bona, sexto.

"Es la primera vez que me gana, pero estoy muy contento, con una satisfacción gigantesca porque es un Mundial y es mi mejor ubicación. Mis expectativas eran estar entre los 10 primeros. Fue una prueba durísima con un ritmo impresionante en la primera mitad, tuve que aguantar y estaba en un grupo muy compacto en el que pude destacar", resumió.

Ambicioso tanto dentro como fuera del agua, Enderica trabaja también a destajo en Cuenca para sacarse el título de ingeniería comercial y, poco antes del inicio de las competencias en Barcelona, se inició como empresario, inaugurando su propia piscina y escuela de natación con la colaboración de su hermano Gabriel, también nadador.

"El centro tiene mi nombre y estoy muy contento. Espero ser un ejemplo para los chicos que quieren ser como yo y aportar a la ciudad y el país, y así se conviertan en próximas estrellas. Somos una familia de nadadores. Yo llevo desde los cinco años en esto junto con mi hermano, y mi papá siempre nos apoyó. Aunque seguimos también otros deportes y somos muy fanáticos del futbol", expone.

Enderica se encontrará con sangre de su sangre el próximo lunes, cuando compita también en la prueba de 10 kilómetros, en la que participa igualmente su primo, Santiago Enderica, con el que está compartiendo habitación de hotel. Que la sangre corra también en el agua se antoja poco probable, aunque Iván se apresta a recordar que "afuera somos primos, pero dentro rivales. No hemos bromeado sobre ello. Habrá respeto, como con todos. Quizás tenga yo desventaja de estar más cansado por la carrera de hoy, pero también tengo la ventaja de estar más alegre".

La vida del nadador es sacrificada, admite el ecuatoriano, detallando que "me levanto a las siete de la mañana y me paso cinco horas diarias en la piscina, además de trabajo de gimnasio y el descanso necesario para estar a tope en los entrenamientos. Luego le dedicó otras cuatro horas a mis estudios universitarios. Es agotador".

Pero el premio en su primera jornada en Barcelona bien valió la pena, aunque solo fuera por la pronta y emocionada felicitación telefónica de su mamá, nada más acabar la prueba, antes de que Enderica tendiera sus castigados músculos sobre la mesa de masaje.

"Me dijo que estaba muy contenta, que me felicita y me quiere mucho", sonríe el nadador, al que Martínez define como "atleta disciplinado, gran ser humano, muy buen hijo, con un coraje tremendo que le va a llevar más lejos todavía".

Ahora aquel chico "gordito" al que su papa quiso sacar de la piscina quiere más en los 10 kilómetros. "Estar entre los 15 ó 10 primeros", remarca. Ecuador le contempla con orgullo, y él no se esconde.

AP