11 de septiembre de 2013 / 03:40 p.m.

México • La Asociación Mexicana de Empresarios (AME) de la comunidad de Woodlands —Houston, Texas— decidió no volver a México pese al cambio de administración federal. No es una cuestión de colores ni de nombres, dicen; por el contrario, confían en que el actual gobierno resuelva el problema de inseguridad que comenzó en 2008 con la administración del ex presidente Felipe Calderón para enfrentar al crimen organizado.

Más aún, perciben que el gobierno de Enrique Peña Nieto está haciendo algo bien, al menos eso es lo que saben por amigos y familiares que se quedaron en la zona norte de México. Pero aún así se mantienen firmes en seguir trabajando desde Estados Unidos para administrar y ampliar sus negocios, mientras disfrutan de un estilo de vida que su país no les ofrece ni en las zonas de mayor exclusividad.

Pese a que no hay estadísticas formales que indiquen cuántos empresarios mexicanos viven en Woodlands, éstos fueron contactados por la Secretaría de Turismo federal para convertirlos en “embajadores” de la imagen de nuestro país desde el extranjero.

La vida en rosa

Cambiar de residencia a Houston implica llegar a Woodlands, recomendado por inmobiliarias y agentes de bienes raíces como el mejor lugar para vivir en familia. Considerado sinónimo de tranquilidad, se ubica en una amplia zona boscosa de 114 kilómetros cuadrados, a la orilla del estado, por lo que todo es color verde.

Las casas de madera son grandes, de dos pisos, hermosas por fuera, silenciosas por dentro. Parece que el ruido no existe como tampoco las chapas ni candados en la puerta. Las calles principales son de cuatro carriles y las más pequeñas de dos; el habitual calor de entre 30 y 35 grados se enfrenta con aire acondicionado y, ocasionalmente, se puede ver a las ardillas bajar de los árboles para cruzar la calle o dormir en las mecedoras de los jardines. ¿Los incidentes más graves? Algún choque automovilístico y tráfico que fluye de manera ágil en horas pico.

Aquí los empresarios pueden trabajar desde casa o en oficinas rentadas, por lo que los tradicionales trajes de vestir fueron sustituidos por ropa sport, shorts, tenis o sandalias. Fernando Salazar, empresario de la construcción de Monterrey, llegó hace tres años. “El asunto de la inseguridad sirvió como último empujoncito y cada año tomamos la decisión de regresar o no a México, tan es así que no he rentado mi casa. Somos muchos los que estamos con un pie aquí y otro allá”, relata. Se le ve contento, satisfecho y habla de la tranquilidad que causa saber que sus hijos pueden salir de día en bicicleta o andar a la medianoche en el centro sin que suceda nada.

El negocio de Jaime Talancón está relacionado con aseguradoras; llegó en 2011, aunque planeó el viaje desde 2008 en su natal Nuevo León. Él tampoco fue afectado directamente por la inseguridad, pero habla de este tema con optimismo “¡Nuestro país va a salir adelante y lo vamos a lograr! Mis empleados se quedaron en Monterrey, prefiero que produzcan allá y los que tengo aquí, pues que produzcan aquí. ¡Tenemos fe en la comunidad y el gobierno mexicano!”, dice con franqueza.

—Pero confían desde el extranjero, ¿no?

—Mmmm… De todos modos sigo generando empleos en Monterrey, aunque no voy tanto para allá —contesta de manera esquiva.

Cifras de la Oficina del Censo de Estados Unidos refieren que en 2010 la población de Woodlands era de 94 mil habitantes, 12.25 por ciento hispanos. Difícil es saber cuántos son mexicanos, pues esta categoría engloba a centro y sudamericanos. No obstante, su presencia es palpable en este suburbio del condado de Montgomery. Sam -un hombre mayor de 60 años, estadunidense de nacimiento y retirado- es responsable de los campos de golf en Woodlands y habla al respecto:

"No sé decirte cuántos (mexicanos) son exactamente, pero muchos son jubilados y empresarios, juegan los fines de semana; aumentaron considerablemente y en la periferia se ven adolescentes y adultos de edad mediana", cuenta a MILENIO.

John Neely, director de Korime Languages Institute, coincide con él; su escuela está aquí y 6 por ciento de sus alumnos son mexicanos nacidos en Nuevo León, Chihuahua y Durango. "Vienen porque necesitan dominar el inglés", platica.

Como es natural, el lugar está creciendo, así lo constata la construcción de un par de edificios de oficinas fáciles de identificar por sus espejos y otros proyectos más de casas residenciales donde las necesidades básicas quedan resueltas, sea caminando o en auto, para llegar al Woodlands National Bank, Woodlands Mall, Woodlands Hospital, Bussines Suites y un listado de centros comerciales con restaurantes, supermercados, cines y sitios de esparcimiento como algunos lagos.

La educación está resuelta con más de 50 escuelas de prestigio que van de preescolar a preparatoria. Un detalle más: el estilo de vida de estos habitantes es retratado en la revista For the best Woodlands que se publica en formato bilingüe inglés/español.

Pero esta vida rosa tiene un precio. "Los mexicanos exitosos pueden llegar multimillonarios y quedar solo millonarios, pues pierden mucho dinero en el camino", asegura José Luis López, empresario dedicado a la ingeniería. En Houston enfrentan varias dificultades, como la conversión de visas de turista a empresario para luego intentar buscar la residencia; desconocimiento del mercado local y sus leyes; trámites que duran meses para lograr expandir su negocio; limitantes para obtener un crédito bancario, pues carecen de un historial en ese país y no aparecen en el padrón de seguridad social. Los integrantes de la AME refieren que los primeros frutos de sus negocios, si prosperan, se verán dos años después y no al medio año como en México.

"En Estados Unidos todos son de clase media y nosotros llegamos siendo eso, uno más de la clase media; llevo 17 años trabajando aquí y pese a que no hay estadísticas formales, puedo asegurar que en Woodlands dos de cada 10 son mexicanos, por lo que no hay de otra: o aguantas y haces las cosas bien, o te regresas a sobrevivir", afirma Nicolás Martínez, gerente general de Connectica Solutions, originario de Monterrey. En ese sentido, José Luis López recomienda: "¿Quieres abrir camino en Houston? Pues necesitas bajarte de empresario a simple emprendedor".

Carlos Gutiérrez preside la AME capítulo Woodlands, que pronto cumplirá un año. Llegó de Jalisco y hoy preside a 95 empresarios, quienes en su mayoría (70 por ciento) manejan Pymes en los ramos de construcción, vestido, seguros, medios de transporte, maquinaria pesada y turismo. La meta para mediados de 2014 es agrupar a 150 empresarios. Su discurso es positivo, pero al preguntarle cuántos de sus agremiados llegaron a Houston afectados directamente por la guerra contra el narco, se muestra cauto, cuidadoso.

"La función de AME es apoyar a los empresarios y a sus familias en su adaptación cultural y empresarial en Houston", responde. Nicolás Martínez es el único que enfrenta y contesta a medias: "Muchos compañeros que han venido para acá no quieren recordar lo que les sucedió, son cosas que no quieren volver a vivir, por eso no hablamos del tema con ellos".

La Secretaría de Turismo federal contactó a la AME y programó una reunión con sus agremiados a finales de este mes. Tiene un solo fin, en virtud de que no regresarán al país. “Nos proponen que seamos embajadores para dar una buena imagen de México en el sector turístico estadunidense, que no transmitamos miedo e inseguridad”, explica Fernando Salazar.

Mientras eso sucede, el empresario leonés dueño de Botas Cebú, José Luis Rodríguez Moreno, sigue soñando con el momento de volver, aunque lleva 17 años en Houston. "No hay muchas garantías para vivir en México, la inseguridad nos detiene, pero tengo la esperanza de que llegue el momento adecuado para dejar estructurado esto y regresar, pues mi tierra es mi tierra".

REPORTAJE POR ÉRIKA FLORES