26 de junio de 2013 / 10:21 p.m.

El tight end de los Patriots de Nueva Inglaterra,Aaron Hernández, fue arrestado el miércoles y acusado de asesinar a un amigo, quien según los fiscales, le había provocado días antes un disgusto en un club nocturno.

Hernández, de 23 años, salió esposado de su casa en North Attleborough, justo una semana después de que apareció el cadáver del jugador semiprofesional de fútbol americano, Odin Lloyd, acribillado a tiros, en un parque industrial ubicado a kilómetro y medio (una milla) de la vivienda.

Menos de dos horas después del arresto, los Patriots anunciaron que habían dado de baja a Hernández, electo para el Pro Bowl en 2011 y quien firmó un contrato por cinco años y 40 millones de dólares a mediados del año pasado.

Lloyd era un deportista de 27 años, que jugaba con los Bandits de Boston y tenía una relación con la hermana de la prometida de Hernández. Recibió varios tiros en la espalda y en el pecho, según las autoridades.

Hernández "orquestó el crimen desde el comienzo", señaló el fiscal Bill McCauley.

Si es declarado culpable, el jugador de la NFL sería condenado a cadena perpetua sin derecho a libertad condicional.

"En el fondo, este caso se ha armado con datos circunstanciales. No es sólido", consideró el abogado defensor Michael Fee durante una audiencia en la corte, en la que se ordenó queHernández permanezca detenido sin derecho a fianza por la acusación de asesinato y por cinco cargos relacionados con la posesión de armas.

Los familiares de Lloyd lloraron y se abrazaron en el tribunal mientras el fiscal daba detalles del crimen. Dos parientes se mostraron tan conmovidos que debieron abandonar la corte.

McCauley dijo que el crimen se derivó de lo ocurrido la noche del 14 de junio, cuandoHernández y Lloyd estuvieron en un club nocturno de Boston, llamado Rumor. Agregó queHernández estaba enojado por varios motivos, incluida una conversación de Lloyd con personas con las que el jugador de la NFL "tenía problemas".

Dos días después, la noche del 16 de junio, Hernández, de ascendencia puertorriqueña, envió mensajes de texto a un par de amigos que estaban fuera del estado y les pidió que acudieran a toda prisa a Massachusetts.

Imágenes de circuito cerrado, tomadas en el exterior de la casa de Hernández muestran que salió con una pistola, le dijo a alguien en la casa que estaba disgustado y que no podía confiar ya en nadie, relató el fiscal.

Los dos sujetos recogieron a Lloyd en su casa, alrededor de las 2:30 de la madrugada, de acuerdo con las autoridades. Durante su recorrido en un vehículo, hablaron de lo ocurrido en el club nocturno, y Lloyd comenzó a ponerse nervioso, dijo McCauley.

Lloyd envió un mensaje de texto a su hermana.

"¿Viste con quién estoy?", le escribió. A las 3:22, después de que ella le preguntó con quién, él respondió "NFL".

"Creo que ya lo sabes", le escribió un minuto después.

Pasaron otros minutos antes de que la gente que laboraba en el turno de la noche en el parque industrial reportara el sonido de disparos, dijo McCauley.

Los investigadores no especificaron quién hizo los tiros, ni identificaron a las dos personas que estaban con Hernández.

Recientemente, Hernández había instalado un sistema de vigilancia. Tenía 14 cámaras en el interior y exterior de la casa, de acuerdo con McCauley, quien dijo que los detectives notaron que faltaban imágenes correspondientes a las seis u ocho horas posteriores al asesinato.

En su argumento infructuoso para solicitar la libertad bajo fianza, el abogado defensor consideró difícil que su cliente tratara de huir. Destacó que es dueño de la casa, donde vive con su prometida y con un bebé de 8 meses. Agregó que Hernández jamás había sido acusado de un delito violento.

Por la mañana, cuando era escoltado para salir de su vivienda, Hernández vestía una camiseta con cuello en "v''. Llevaba las manos detrás de la espalda. Escupió en unos arbustos mientras se le llevaba a un vehículo policial.

Más tarde, cuando se le llevó del cuartel policial de North Attleborough a la corte, una veintena de simpatizantes se congregó para mostrarle solidaridad.

"¡Te amamos, Aaron!", gritaron algunos.

AP