25 de febrero de 2014 / 07:39 p.m.

MADRID.- Mariano Rajoy resumió el martes los nuevos tiempos económicos en España con ocho palabras cargadas de simbolismo: "Hemos atravesado con éxito el cabo de Hornos", como si la economía fuera un buque que sortea uno de los pasos marítimos más peligrosos del planeta.

El presidente español elevó a 1.0 por ciento del Producto Interno Bruto la previsión de crecimiento para 2014, con respecto al 0.7 por ciento estimado inicialmente, y dijo que la economía repuntará 1.5 por ciento en 2015.

Tras poco más de dos años en el poder marcados por una furibunda crisis económica y de deuda y una durísima agenda de recortes, Rajoy afirmó que España ha alcanzado un punto de inflexión y anunció rebajas progresivas de impuestos y nuevos incentivos a la contratación para combatir el rampante desempleo, todavía en 26 por ciento.

"España era un lastre para Europa y hoy se la percibe como parte del motor", dijo Rajoy en el discurso anual sobre el estado de la nación en el Parlamento. "No es el final del esfuerzo, no hemos alcanzado la meta, pero antes la teníamos a la espalda y ahora la tenemos delante".

Por su parte, la oposición socialista acusó a Rajoy de triunfalismo y de fomentar las desigualdades.

La nueva etapa que ahora se abre será más llevadera. Rajoy prometió una profunda reforma fiscal en junio que supondrá rebajas de impuestos para 12 millones de trabajadores, de los casi 17 millones con los que cuenta actualmente el país.

No detalló el alcance ni los beneficios de la reforma, pero anunció que los empleados con sueldos inferiores a 12 mil euros (16 mil 505 dólares) al año quedarán exentos del impuesto sobre la renta, que ahora pagaban a un interés muy marginal.

Alfredo Pérez Rubalcaba, líder del Partido Socialista, acusó al presidente de esgrimir la crisis como excusa para desmantelar el estado de bienestar con recortes laborales, sanitarios y educativos.

"¿En qué país vive usted, señor Rajoy?", preguntó Pérez Rubalcaba criticando la visión del gobierno.

La economía copó las dos horas de discurso ante el pleno del Parlamento. Pero el presidente no quiso obviar el referendo separatista que Cataluña quiere celebrar el 9 de noviembre.

Rajoy insistió en que la consulta es ilegal y no permitirá su celebración. Sin embargo, y a diferencia de su discurso habitual sobre Cataluña, apeló a un lenguaje sentimental y mucho más emotivo para, por un lado, situar el bienestar de los catalanes como prioridad y, por otro, defender la unidad de España.

"Los españoles formamos parte de la misma nación desde hace siglos, durante los cuales hemos compartido la misma historia, la mismas fortunas y las mismas calamidades", dijo. "Queremos un país unido. Para honrar nuestra historia y para garantizar nuestro futuro".

AP