26 de marzo de 2013 / 05:20 p.m.

La selección de México tratará este martes, cuando reciba a la de Estados Unidos, reivindicarse con un triunfo, cambiar los abucheos por aplausos y establecer su jerarquía como el país con mejor palmarés en el área de Concacaf.

La cita es a las 20:30 horas locales en la cancha del Estadio Azteca, en juego de la tercera jornada del hexagonal de la Concacaf clasificatorio para la Copa del Mundo Brasil 2014.

Los jugadores y el técnico José Manuel de la Torre se presentarán en medio de un bache luego de dos empates, el primero el pasado 6 de febrero en el mismo escenario con un 0-0 ante Jamaica, escuadra de menor calibre futbolístico que los estadounidenses.

Aquella noche la mayoría de los aficionados abuchearon a los tricolores por falta de gol, tuvieron en los minutos finales un grito despectivo para Jesús Corona al momento de despejar y corearon "olé, olé" en contra de los de casa cuando los caribeños tocaron el esférico.

El pasado viernes el Tricolor inició grandioso en la cancha del Estadio Olímpico Metropolitano de San Pedro Sula y tomó ventaja ante la selección de Honduras con goles de Javier "Chicharito" Hernández, en los minutos 28 y 54.

Los hondureños ejercieron presión, los mexicanos se metieron en su área, Carlo Costly acortó distancias al 76 y Jerry Bengtson puso el 2-2 definitivo a 11 minutos del final.

Aunque faltan 24 puntos por disputar y no está en riesgo la clasificación a la Copa del Mundo de Brasil 2014, los resultados, sobre todo ante los jamaicanos, no corresponden a la jerarquía del futbol mexicano, ni tampoco su ubicación en la tabla del hexagonal, donde es de cuarto con apenas dos puntos.

A su vez, el conjunto estadounidense inició con derrota de 1-2 ante Honduras y el anterior encuentro lo ganó 1-0 a Costa Rica, en un juego que se desarrolló bajo una tormenta de nieve, a tal grado que los dirigentes ticos pidieron a la FIFA repetir en el encuentro.

Los jugadores del conjunto de las "barras y las estrellas" llegan al juego de este martes en medio de discordancia con su entrenador, el alemán Jurgen Klinsmann, por la forma de trabajar.

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