23 de julio de 2013 / 12:09 p.m.

San Nicolás de los Garza • La explosión cimbró desde las casas de las colonias Cuauhtémoc, Garza Cantú y Las Puentes, hasta los edificios de la Universidad Autónoma de Nuevo León.

Las miradas se centraron a una nube negra en forma de hongo que emergió de la estructura más alta de una empresa que, pese a ser una gigantesca productora de acero, se había distinguido por convivir en paz con el vecindario durante casi setenta años.

El cuerpo más alto del complejo industrial fue donde ocurrió el incidente, así lo constataron las imágenes captadas desde un helicóptero. Sobre el techo de la nave industrial tan grande como dos canchas de futbol, se veían placas retorcidas de acero acanaladas que como papelitos chamuscados, volaron por la onda expansiva. Más arriba, las paredes de una torre similar a un edificio de cuatro pisos, fueron desgarradas por la fuerza del impacto.

Dentro de la compañía, el estallido hizo voltear a uno de los trabajadores que bajaba material de ferro magnesio. Al mirar el área de acería, entendió que aquello no era normal.

"Yo llegué como al cuarto para las tres de la tarde, iba a dejar material y escasos 60 o 70 metros se escuchó la explosión. Pensé será normal, y no, empezó a caer algo de material y luego salió mucho humo, y ya nos retiramos y se pararon las labores. En ese momento la lumbre se vio alta, como unos 100 metros hacia arriba, nos quedamos sordos, fue muy grande la explosión, decían que por la acumulación de gases".

Al lado contrario, hacia el oriente, cincuenta metros más abajo, a nivel del piso, diez peroles de unos siete metros de altura hacían ver minúsculas a unas veinticinco ambulancias y carros de bomberos, estacionadas entre cerros de escoria metálica.

A 700 metros, en línea recta, sobre la puerta principal de la compañía, reporteros, socorristas de la Cruz Roja y policías, obedecían a la larga banda plástica amarilla que decía “no pase”. A los lados, ambulancias, vehículos de prensa y patrullas, estacionadas en desorden, como si hubieran sido parte de la explosión.

A unos 30 metros, en silenciosa fila, dentro de la planta, fuera del alcance de los reporteros, medio centenar de empleados que esperaban el cambio de turno aguardaban frente a la caseta de control, en espera de trabajo y de noticias.

Cerca de las 15:30, familiares de algunos empleados llegaron en espera de informes. Como Ana García Magallanes, sobrina de Rosalío García, de 63 años, supervisor y que lleva más de seis años de laborar en dicha empresa. La mujer dijo que tras enterarse de la exposición llamó en varias ocasiones a su teléfono celular, sin respuesta.

"No nos dan información, él trabaja en los hornos de supervisor, no nos dicen nada, queremos saber cómo está. Entró en la mañana, sale a las 3 de la tarde", dijo.

Otra persona que se identificó como Aurora preguntó por la ubicación de la clínica Nova, pues su marido, Josué Ricardo Regalado Sánchez, operador de un área de la planta, fue llevado ahí.

"Me habló el supervisor, dice que mi esposo está en el hospital y no sé en cuál, ahorita me voy a ir a buscarlo. Él sale a las tres de la tarde".

Trascendió que personal de Ternium informó vía telefónica a los familiares de las víctimas.

A las 17:00 horas comenzaron a salir los demás trabajadores, quienes subieron a unos camiones de personal que los llevarían a casa, como todos los días. Al ser entrevistado, uno de ellos dijo que seguido hay pequeñas explosiones en la planta, pero que en esta ocasión sí fue una tragedia.

JOEL SAMPAYO Y MERCEDES SALDÍVAR