13 de mayo de 2013 / 12:42 p.m.

Monterrey • Contra la pared

Apenas en mayo del año pasado un joven azotó a su hija de un año y 4 meses contra la pared hasta causarle la muerte.

Según dijo el joven padre luego de ser detenido, el motivo para agredir a su propia hija era concreto: su desesperación por el incesante llanto de la menor.

Ximena Nahomi Bonilla Zapata estaba llorando y su papá, José Eduardo Bonilla Garza, de 24 años, la cargó de ambos costados para proyectarla contra la pared en tres ocasiones en distintos momentos, esto en su casa, en el municipio de Pesquería.

En el momento de la agresión la madre de la menor no se encontraba en la vivienda que compartían en la colonia Colinas del Aeropuerto, pues había salido a un depósito a comprar más cerveza para ella y su marido.

El joven limitó la explicación al hecho de que no pudo con la desesperación de no poder contener el llanto.

“Me desesperó que estuviera llorando. Sinceramente quería a mi hija y ahorita sé que no tengo perdón de Dios por lo que hice y sé que no importa lo que yo diga y lo que yo haga”, dijo el asesino al ser presentado ante la policía Ministerial.

La autopsia que realizó el Servicio Médico Forense reveló que Ximena murió por una contusión profunda de cráneo.

También las mujeres

Este tipo de situaciones no son privativas de los hombres, pues así como se han registrado homicidios de niños por parte de sus padres o padrastros, ha habido mujeres que llevadas por la ira o la frustración, les han quitado la vida a sus hijos.

El 14 de febrero de este año, Cándida Ivette García Anguiano perdió el control cuando vio a su hija, Elián Esmeralda Salazar, de 16 meses de edad, jugar en un charco de agua que se formó en la cocina de su casa en Escobedo, cuando su padrastro realizaba unas reparaciones en las tuberías.

Según se dijo en aquella ocasión, la menor estaba enferma de la garganta, y por ello la madre sufrió un ataque de ira al verla empapada y jugando en la cocina de su casa, en la colonia La Unidad.

La mujer reprendió a la niña, le gritó y la golpeó con una chancla, sin embargo, la menor no salió del charco.

Cándida Ivette tomó entonces una tabla de 1.14 metros de largo, que además tenía algunos clavos.

Con ella golpeó a su hija en el abdomen.

Después del incidente recostó a la niña en su cama y salió de la casa. Al regresar la notó pálida y la llevó a la Clínica Santa Martha, donde le confirmaron que su hija ya no presentaba signos vitales, por lo que la mujer fue detenida.

“Estoy arrepentida”, dijo al ser presentada.

Sólo unas cachetadas

El 23 de julio de 2012 el pequeño Lewis Kalet García Morín corrió con la misma suerte que otros menores: fue asesinado por quien debía de velar por él.

Con poco menos de dos años de edad, Lewis Kalet murió asfixiado por un hombre llamado Juan Carlos Hernández Álvarez de 27 años de edad, compañero sentimental de la madre del niño, Myriam Leticia Morín .

Al igual que en otros casos, el detonante fue el llanto.

Lewis Kalet no dejaba de llorar y ello estresaba al hombre, quien pretendía tener un encuentro íntimo con la madre del menor.

El llanto desesperó tanto a Hernández Álvarez que al final golpeó y asfixió al niño para luego envolverlo en unas sábanas, todo ello en la colonia Constituyentes de Querétaro en San Nicolás de los Garza.

La pareja tenía apenas tres meses de vivir juntos.

Myriam Leticia tiene otras dos hijas adolescentes y el niño, todos de su esposo anterior.

Las autoridades consignaron a la pareja por el delito de homicidio calificado.

La mujer dijo en su declaración que había encubierto el homicidio porque su pareja las tenía amenazadas de muerte a ella y a sus otras dos hijas.

Al mismo tiempo Juan Carlos daba su versión a las autoridades: dijo que era inocente, que no había sido su intención matar al niño y que únicamente le dio unas cachetadas por llorón.

Daniela Mendoza