24 de julio de 2013 / 12:16 p.m.

A comienzos de 2012, el ex portero de los Rayados fue arraigado y acusado en una causa penal que implicaba secuestros, extorsión y relaciones con el crimen organizado, proceso que lo mantiene recluido en un penal.

"Le pido a la gente que me dé el beneficio de la duda. Que no saque conclusiones, porque habrá muchas cosas que se esclarecerán con el tiempo y verán que saldré de aquí", asevera un Omar Ortiz sereno y de rostro duro. Apenas son las once y el ambiente en la celda es sofocante. Tres abanicos retumban en los pocos metros cuadrados que imponen privacidad gracias a un sinfín de sabanas que tapizan las rejas.

Así es el hogar donde vive El Gato y él lo acepta. Sus palabras no evidencian ni mal humor ni frustración. Ya pasó más de un año desde que llegó al Cereso de Cadereyta mientras los expedientes siguen acumulándose en una causa penal que, dice, suma tantas irregularidades como incertidumbres.

"A mí los ministeriales me levantaron. ¿Por qué? Pues no hubo ni orden de aprehensión ni me detuvieron bajo algún procedimiento. Diría que fue secuestro, no sé, pero me vendaron, esposaron y golpearon hasta que terminé en un sótano donde la tortura psicológica fue terrible y hasta llegué a pensar que sería el último día de mi vida", se sincera.

El Gato, apodo con el que millones de personas lo identifican en México, es una de las figuras más carismáticas que incursionó en la portería de los Rayados del Monterrey y de la Selección Nacional de los últimos tiempos. Golpeado por una suspensión de dos años por doping, la opinión pública regiomontana se conmovió cuando a comienzos del 2012 fue arraigado y acusado en una causa penal que implicaba secuestros, extorsión y relaciones con el crimen organizado.

"Cuando me llevan a la Ministerial, creo que el viernes 6 de enero, eran las 11 de la noche y me dan una hoja; la leo y me doy cuenta que es una denuncia por robos de autos de lujo y tarjetas de crédito", Ortiz hace una mueca.

"Ni me preocupé porque sabía que no tenía nada que ver. Pero no, fue mucho peor cuando me pasan frente a todos los medios y me acusan de todo lo otro muchísimo más grave. Ahí me di cuenta que me habían llevado engañado desde el primer día", recuerda.

Su explicación crece en datos y malos recuerdos. "No, güey, lo que le hicieron a mi mamá no se los perdono porque la llevaron a las morgues mostrándole fotos de muertos. Hasta aquella presentación ante los medios nadie de mi familia sabía qué pasaba conmigo", dice resignado.

Ortiz recuerda aquella presentación mediática y sonríe incómodo. Detalla cómo miraba para todos lados mientras lo acusaban de cosas que no llegaba a comprender y que creía irrisorias. "Suponía que todo se iba a esclarecer rápido, pero no. Luego fue mi familia la que me avisó sobre las acusaciones y lo peor comenzó. “El arraigo fue una pesadilla porque éramos muchísimos en condiciones pésimas. Rogabas por un permiso para el baño y te acostumbrabas a comer la comida toda batida".

Meses después su nuevo hogar sería el Cereso de Cadereyta. Sesenta días en aislamiento (por procedimiento normal de inducción) lo ambientaron en una de las cárceles mejores dirigidas del país. "El principio no es fácil porque es un mundo muy pequeño. Más de mil 500 personas que debemos acomodarnos y salir adelante. ¿Cómo vivo? No te digo que bien, porque en una cárcel eso es imposible, pero si le echas ganas, pues… cada día vives mejor y logras salir adelante".

Tantos rumores durante su vida de futbolista y posterior encierro terminaron por cansarlo. "Llega un momento que te hartas. Imagínate que hace un tiempo terminé en un quirófano del hospital Universitario porque me quitaron una bola de sangre podrida que tenía sobre mi espalda baja. ¿Qué era? Supongo que tantos golpes durante mi captura. No lo sé, ojalá ninguno de ustedes tenga que padecer algo así estando en un penal… ¡Ah!, ¿sabes qué dijeron en los medios? Que era una excusa mía para salirme de vacaciones al hospital.

Mientras Omar prosigue su catarsis es imposible no percibir la cantidad de fotos que se mezclan en su pared. Niñas y jóvenes se mezclan con figuras de la Virgen y Juan Pablo II en un mural que parece otorgarle protección religiosa y fortaleza familiar.

"Para ellos fue tan duro como para mí. Cada cosa que vivimos nos ha cambiado a todos y tratamos de hacernos fuertes a nuestra manera. Doy gracias a mi mamá y a mis niños que, por suerte, todavía los puedo seguir viendo en las dos visitas semanales que podemos tener".

El Gato guarda silencio unos instantes y por primera vez la las palabras desaparecen. Sus ojos siguen tan claros que se vuelve imposible no percibir la dureza que el cautiverio le clavó en la mirada.

"Mi esposa me abandonó hace varios meses, y no la culpo. Le estoy agradecido y espero que si ella estará bien, mis hijos también. No hay de otra. Al principio pensaba mucho en ella, pero terminaba muerto. Ahora, por fin, comienzo a salir a flote y estando encerrado debes estar siempre fuerte".

La familia le produce un disparador mental casi automático.

Primero recuerda sus momentos más tristes, cuando una de sus tías favoritas falleció y él no pudo ir a su funeral. "Y el más bonito fue conocer a mi nieto. Algo que nunca imaginé y que me causó una alegría única cuando mi hija (diecisiete años) lo trajo al penal".

Como sus fotos, otro aspecto clave es la rutina que se obliga a seguir. Mucho ejercicio y una dieta obligada lo mantienen con la misma corpulencia de sus épocas de portero estrella. “No te imaginas las ganas que tengo de una manzana. Son de esas cosas que valoras cuando no las tienes. También la carne, aunque bueno, aquí si tienes unos pesitos puedes comprar mejor comida (que no los tacos de frijol diarios) y darte unos gustitos".

Mientras se despide su ímpetu vuelve a ganarle. "Es la primera vez que me dan la oportunidad de hablar. Ojalá la gente entienda que aquellos que me están acusando no tienen pruebas que los liguen conmigo. Es decir, dicen que fui yo pero no hay ninguna pinche prueba. Ni un careo aguantaría y por eso estoy confiado. Me siento inocente y además nunca le hubiese hecho daño a quienes me entregaron tanto cariño y convivieron conmigo. Espero que la justicia pueda anular tantas irregularidades y algún día disfrutar otra vez a mi familia".

SANTIAGO FOURCADE