12 de septiembre de 2013 / 12:48 a.m.

Jurgen Klinsmann se sentó en un podio y sonrió después de guiar a Estados Unidos a su séptima Copa Mundial consecutiva.

No es por minimizar el logro, pero el técnico alemán será evaluado no por clasificar a Estados Unidos a la cita cumbre del fútbol, sino por qué tan bien se desempeñe la selección en Brasil el próximo año.

"El éxito del equipo, especialmente en torneos oficiales y partidos difíciles en Europa ha sido muy bueno", dijo el miércoles Sunil Gulati, el presidente de la Federación de Fútbol de Estados Unidos, "pero pienso que todos comprenden que la Copa Mundial es un nivel diferente".

La clasificación se selló la noche del martes con la cuarta victoria seguida de Estados Unidos como local ante México. Cada uno de esos partidos de eliminatorias en Columbus, Ohio, terminaron con un marcador que ya es tradicional: 2-0.

Como delantero, Klinsmann fue figura de la selección de Alemania que se consagró campeona mundial en Italia 1990 y luego en la Eurocopa 1996. Dos años después se retiró como jugador y se mudó a California con su esposa estadounidense. Viajaba constantemente entre Orange County y Alemania al asumir como técnico de la selección germana, a la que condujo a las semifinales de la Copa Mundial de 2006, de la cual fueron anfitriones; luego renunció.

Gulati quiso contratarle ese mismo año para sustituir a Bruce Arena, pero no pudo llegar a un acuerdo sobre su el grado de autoridad en manos del entrenador. Sin embargo, después de que Estados Unidos jugó apáticamente en la Copa de Oro de la CONCACAF en 2011, Gulati puso sobre la mesa una oferta con un salario anual de 2,5 millones de dólares para que reemplazara a Bob Bradley.

Los resultados ha sido impresionantes: 25 victorias, nueve derrotas y seis empates, incluido el primer triunfo de los estadounidenses sobre Italia, cuatro veces campeón del mundo; su victoria en el estadio Azteca de la ciudad de México y su primer título de la Copa de Oro desde 2007.

"La mejor cosa que ha realizado es crear mucha competencia, de esta manera cada vez que se entra a la cancha se debe rendir para mantenerse como titular en el próximo partido", comentó el atacante Landon Donovan.

En sus primeras semanas en el cargo, retiró los nombres de la espalda de las camisetas de los jugadores y aplicó el viejo método del fútbol de cambiar números cada partido. También asignar a los titulares los números del 1 al 11 con base en su posición en el terreno.

"Es un sistema bastante bueno. Así es como funciona en Europa, como que nada es tuyo para siempre", dijo el portero Tim Howard. "Creo que algunos de los jugadores jóvenes no lo entienden realmente", añadió.

A veces los métodos de Klinsmann parecen más adecuados para Estados Unidos que para Alemania, que tiene una tradición futbolera establecida y resistencia al cambio. Fue contratado en julio de 2008 para dirigir a Bayern Munich, uno de sus ex clubes, pero fue despedido al siguiente abril.

Uli Hoeness, presidente del Bayern, se quejó de que Klinsmann hizo que el equipo comprara computadoras para realizar presentaciones de PowerPoint utilizadas para informar a los jugadores sobre los planteamientos tácticos, y lo comparó desfavorablemente con Jupp Heynckes, quien llevó al conjunto al título de la Liga de Campeones de este año.

Al mando de Estados Unidos, Klinsmann dispuso la contratación de Athletes Performance, una compañía con sede en Phoenix que prepara rutinas de entrenamientos y planes nutricionales para cada futbolista. Klinsmann empleó la compañía cuando dirigió en Alemania.

Y el tiempo dedicado a los entrenamientos aumentó considerablemente.

"Tal vez hace dos años, se preguntaban si todo este trabajo extra valía la pena. Ahora es normal", dijo Klinsmann. "Los entrenadores llegan y saben que tendrán doble sesión de trabajo. Saben lo que se espera tácticamente. Saben que hay otro jugador esperando una oportunidad en cada posición, que si no rinde al máximo, el otro le va a quitar el puesto".