20 de octubre de 2013 / 05:41 p.m.

Francisco Gento, mito viviente del Real Madrid, futbolista que más Copas de Europa ha ganado en la historia del fútbol y uno de los mejores extremos que jamás haya jugado sobre un terreno de juego, cumplirá mañana 80 años marcados por una leyenda que forjó a lo largo de 18 temporadas impecables en el club blanco.

Nacido un 21 de octubre de 1933 en la localidad cántabra de Guarnizo, Gento fue el nexo de unión de dos generaciones excepcionales de jugadores del Real Madrid. Formó parte de aquel equipo que ganó cinco Copas de Europa consecutivas entre 1955 y 1960 con Alfredo Di Stéfano, Ferenc Puskas, Raymond Kopa o Héctor Rial y participó en el trofeo continental que alzó el "Real Madrid Yé-yé" en 1966 con figuras de la talla de Pirri, Zoco o Amancio.

Su apodo, "La Galerna del Cantábrico", por su endiablada velocidad (era capaz de recorrer los 100 metros en 10,9 segundos), era perfecto para un hombre que empezó a despuntar con 15 años en el Nueva Montaña, un club humilde de su tierra, que precedió al Astillero y al Rayo Cantabria, desde donde dio el salto al Racing de Santander.

Sus cualidades no pasaron desapercibidas para el Real Madrid, que consiguió su fichaje por medio de su vicepresidente, Álvaro Bustamante, también cántabro y uno de los culpables de la llegada de Gento al club blanco en la temporada 1953/1954. Debutó un 14 de agosto de 1953 en el estadio de Chamartín, después llamado Santiago Bernabéu, con una victoria por 2-0 ante Osasuna.

El día después, el diario ABC nombró en su crónica dos veces a Gento. Una para decir que era nuevo en el club y otra para hablar de su fútbol: "El juego, poco ligado, avanzaba hacia la meta en deshilvanadas jugadas, iniciadas muchas veces por Navarro y seguidas hábilmente por Gento, o con inseguridad por Britos, en tanto que Pérez Paya, buscaba sitio en toda la zona de vanguardia...".

Gento tuvo que pulir aquella habilidad que describió el periódico. Llegó al Real Madrid una técnica aún por depurar y su compañero Héctor Rial fue uno de sus mayores cómplices para ayudarle a superar ese obstáculo que también tuvo comprensión en el club blanco, seguro de tener un diamante por pulir en sus filas. La paciencia dio sus frutos y Gento fue pieza clave de una de las épocas más doradas del Real Madrid.

Su primer título de Liga de los doce que consiguió rompió una racha de veinte años de sequía madridista. El año de su estreno fue también el de Alfredo Di Stéfano y entre los dos y junto a otras figuras, cambiaron la historia del fútbol español.

El Real Madrid pasó a ser uno de los clubes dominadores en España y estableció su hegemonía en Europa, donde Gento fue protagonista indiscutible. Jugó las cinco primeras finales (1955-1960), en las que marcó dos goles y también fue titular en la 1966, cuando logró su último título de los seis que levantó.

Sólo Alfredo Di Stéfano y los italianos del Milán Paolo Maldini y Alessandro Costacurta se acercan a ese registro. Los tres consiguieron cinco Copas de Europa, una menos que Gento, que pudo ganar ocho si no hubiese perdido las finales de 1962 y 1964 ante el Benfica y el Inter de Milán, respectivamente.

Después de aquella última final Alfredo Di Stéfano abandonó el club para terminar con una época que Gento alargó con el título europeo de 1966. Aguantó en el Real Madrid hasta el 21 de mayo de 1971, cuando disputó su último partido oficial en Atenas ante el Chelsea inglés. Aquel día, la final de la Recopa, recorrió la banda izquierda por última vez para perder por 2-1 su tercera final europea.

Genio y figura, Gento fue el único jugador que recibió tres partidos homenaje en activo. El primero, el 1 de septiembre de 1965, ante el River Plate argentino; el segundo, en estadio de El Sardinero contra el Racing de Santander, el 29 de agosto de 1971; y el tercero, el 14 de diciembre de 1972, frente al Os Belenenses portugués donde curiosamente jugó en la portería Félix Mourinho, padre del entrenador José Mourinho.

Su carrera, casi perfecta, con un palmarés de doce títulos de Liga, seis Copas de Europa, una Intercontinental y dos Copas, sólo tuvo momentos grises con la selección española, su talón de Aquiles. Se perdió el Mundial de 1958 por un pinchazo inesperado de España ante Suiza que evitó que nombres como Ladislao Kubala, Luis Suárez, Alfredo Di Stéfano o Antonio Ramallets lucieran en Suecia.

Participó en los de Chile en 1962 e Inglaterra 1966, pero España no pasó en ninguno de la fase de grupos. En la Eurocopa de 1964 que ganó la selección no estuvo en la final ante la Unión Soviética. En la de 1960, en cuartos de final, también frente al combinado ruso, el régimen de Franco decidió retirarse de la competición para no jugar en Moscú y evitar que sus rivales pisaran tierra española.

Después de 43 internacionalidades se despidió en 1970 con un partido de clasificación para el Mundial que jugó frente a Finlandia. A ese número de duelos hay que sumarle los 614 que disputó con el Racing y el Real Madrid. Unas cifras bárbaras para un hombre que mañana cumple 80 años en forma, poco asiduo a aparecer en público pero con la palabra "leyenda" a cuestas y perfecta para definir a un hombre que es historia viva del fútbol mundial.

EFE