18 de mayo de 2013 / 02:33 p.m.

"Estoy feliz porque mañana habrá más niños que llevarán la camiseta del Atlético de Madrid y será un día especial", se congratuló Diego Simeone, radiante en su comparecencia ante los medios informativos después de conquistar el viernes la Copa del Rey española al ganar 2-1 en la prórroga al vecino Real Madrid en su propio estadio Santiago Bernabéu.

La constatación no fue gratuita, pues el técnico argentino venía de enumerar el groso de razones por las cuales se sentía el hombre más dichoso del mundo. "Hemos ganado en un campo extraordinario. Una victoria terrible. Los logros han sido importantes. Me viene a la mente mucha gente que trabaja a diario para el club. Había que ganar este partido", subrayó antes de despedirse con un recuerdo especial para el fallecido Jesús Gil, el polémico presidente que le fichó en 1994 siendo futbolista del Sevilla.

Fue el principio de una intensa relación entre el club rojiblanco y el "Cholo", quien pronto se ganó el aprecio de la grada, el respeto de sus compañeros y el recelo de algún técnico inseguro.

Pocos como él entienden mejor el latido del seguidor "colchonero" y la idiosincrasia del club conocido como "El Pupas" por supuesta mala fortuna y torpeza general a la sombra de su vecino y nueve veces campeón de Europa. De ahí la mención a la ostentación infantil de colores en la mañana siguiente al triunfo y el llamado a celebrar en la céntrica fuente de Neptuno, cita obligada paras los incondicionales.

Jugador bandera del histórico doblete (copa y liga) conquistado en 1996, Simeone se subirá por tercera vez como técnico a los brazos del Dios de los mares pues, en poco más de año y medio como timonel, ha ganado la Liga Europa, la Supercopa de Europa y ahora la Copa del Rey.

A modo de Rey Midas rojiblanco, el "Cholo" convierte en oro todo lo que toca desde que ocupara el banquillo junto a su ex compañero, compatriota y hombre de confianza, Germán "El Mono" Burgos, pues ha ganado sus tres finales disputadas.

Y consecuentemente, su caché cotiza al alza; aunque en el seno de la entidad "colchonera" respiran tranquilos después que los dirigentes, en inusual ataque de cordura, ataran su continuidad el pasado marzo.

Renovado cuatro años hasta 2017, Simeone se ha asegurado la vigencia de un proyecto que inició con sentido de urgencia tras el mal arranque de la campaña anterior bajo la dirección de Gregorio Manzano.

Poco a poco, sin arrebatos mediáticos, disputas públicas ni estridencias, el bonaerense ha conseguido a base de trabajo constante e insistencia diaria forjar una identidad ganadora en el Atlético y ganarse, con ello, amplio crédito en la toma de decisiones. En el partido más importante de su carrera como técnico, en cancha del eterno rival, el destino quiso que el autor del gol decisivo fuera Joao Miranda, el central cuestionado a principios de 2012 que Simeone se empeñó en mantener en el plantel.

La estrategia contrasta, una vez más, con la empleada por su colega José Mourinho en el Madrid con los mismos fines e inferiores resultados. Los plenos poderes ansiados por el portugués es probable que nunca se los den en la Casa Blanca, donde se intuye un relevo inminente en el banquillo.

Mientras, en el Vicente Calderón, los atléticos celebran su primera victoria en el clásico capitalino en 14 años y su quinto trofeo del actual trienio, los tres últimos bajo el mandato de Simeone.

"Hemos dado pelea y podido ganar, y así ser una referencia para la gente que sufre y no le salen las cosas. Con compromiso y humildad se puede", alentó el argentino, antes de elogiar calurosamente, casi uno a uno, a sus futbolistas.

"El Madrid es mejor, pero le perdieron el miedo y trabajaron mejor que ellos. Ver a Costa correr 50 metros atrás, el partidazo de 'Koke' cada vez más grande, a Falcao sacrificándose por el equipo, Juanfran, Mario. lo de Gabi fue impresionante, para emocionarse", enumeró, dando elegante vuelta a la torpe ironía de Mourinho momentos antes en el mismo lugar, cuando el madridista repitió aquello de que "cuando se gana es mérito de los jugadores y cuando se pierde, del entrenador".

Al contrario que su colega, Simeone se despedirá del curso con los objetivos trazados al principio ampliamente superados y la certeza de que tanto él como el núcleo duro del plantel, quitando tal vez al cotizado goleador colombiano Radamel Falcao, seguirán compitiendo juntos a medio y largo plazo.

En su primera temporada completa al timón, el argentino no sólo ha añadido otro trofeo a las vitrinas, sino que también ha logrado clasificar al equipo a la Liga de Campeones por la vía directa, asegurando el tercer lugar en la liga tres fechas antes de la conclusión del torneo.

El Atlético no conseguía tamaña gesta desde la temporada del doblete, rescatada de la memoria colectiva por el técnico, manteado por sus pupilos en la celebración. Y lo ha hecho respetando las señas de toda la vida de la entidad. "Pase y contragolpe", fue la consigna imperante durante la semana previa a la final, que Simeone preparó con esmero y disfrutó en plenitud: "La afición hubiese elegido esta forma de ganar", afirmó.

Consciente de la singularidad del momento, el "Cholo" quiso remarcar una vez más que "nos costó mucho y esperamos que la victoria sea inolvidable en el tiempo. Este equipo jugó con un amor propio enorme. Tuvimos algo de suerte, pero estábamos preparados para recibir esa suerte", explicó, resumiendo en cinco palabras el secreto de su éxito: "Sin grupo, no hay equipo", sentenció.

AP