1 de junio de 2013 / 06:00 p.m.

 Monterrey • La zona se encuentra completamente limpia…

Hasta la gente se extraña, y los que no supieron de los operativos del desalojo de puesteros en los alrededores de las clínicas del IMSS ubicadas en Félix U. Gómez y Constitución, en el centro de la ciudad, salen del hospital, pero ahora no saben qué o dónde van a comer.

Acaban de ver a sus parientes internados, pero el hambre arrecia y estaban acostumbrados a ingerir sus alimentos saliendo del nosocomio.

Tostadas, tacos de barbacoa, tortas, refrescos, frituras, hotdogs, eran lo que ofrecían los comerciantes a sus clientes.

Unos días después del desalojo todo fue diferente, ya no había nadie, más los que expenden el periódico.

Algunos quisieron pasar desapercibidos y llegaron a eso de las seis de la mañana a abrir o instalarse a las afueras de las clínicas 33, dos y el hospital de Gine.

“Pásele a los tacos, lleve el agua, la soda”, gritaban los locatarios a la gente que pasaba por el sitio donde por muchos meses, años, siempre estuvieron ahí lloviera o tronara.

Todo marchaba de maravilla sin que nadie los molestara, hasta que llegó el personal de Protección Civil de Monterrey junto con los de la Dirección de Comercio.

Torretas encendidas, uniformes amarillos, gafetes del municipio, llamaron la atención de muchas personas, quienes se preguntaban qué era lo que estaba pasando o iba a pasar.

La consigna era no quitarles la mercancía, sino simple y sencillamente que se retiraran de esa zona prohibida, excepto los que tenían al corriente el permiso del municipio de Monterrey.

“Señores, tienen que desalojar esta zona”, les dijeron las autoridades.

“Tenemos un amparo, ahorita lo traen”, contestaron.

Al llegar el documento, se dieron cuenta que estaba vencido.

Solos fueron acomodando sus cosas en bolsas, retirando la mercancía sin decir nada, ante la presencia de los inspectores.

Algunos defendieron a los comerciantes: “qué vamos a comer, déjenlos trabajar”, gritó una señora desde el puente peatonal.

“Sí, señora, pero todo se hace con orden, no tienen permiso”, les decía la autoridad con toda tranquilidad, observando siempre a sus alrededores.

Pero también los inspectores tuvieron sus aplausos, aunque más en silencio por parte de algunos peatones.

Esta vez no hubo gritos, no empujones, no aspavientos, nada por el estilo y todo, sin la presencia de la Policía Regia o los marinos.

Muchos no saben que el delegado regional del IMSS, Jorge Luis Hinojosa, le pidió de favor a la alcaldesa Margarita Arellanes que lo apoyara con el desalojo, por lo que ella se lo cumplió sin más palabras.

Hasta los de Tránsito de Monterrey, con las grúas, se presentaron en el lugar. Y es que mucha gente se estaciona en donde no debe, sin respetar los señalamientos de prohibición.

Hoy todo es distinto en esa fachada de las clínicas del Instituto Mexicano del Seguro Social. Se ven más limpias, con más orden.

Y así se fueron retirando uno a uno, con sus carritos, cargando las cosas en algunos vehículos, poco a poco dejando la zona más despejada.

 — IRAM OVIEDO