ENTREVISTA POR JUAN PABLO BECERRA-ACOSTA M.
1 de junio de 2013 / 06:44 p.m.

Guerrero • Se le ve serena. Tranquila. Como si las tormentas políticas por las acusaciones de uso político-electoral de los programas sociales no continuaran (el jueves mismo 14 gobernadores tuvieron un ríspido encuentro con los miembros del Pacto por México). Sonríe. De hecho, por momentos, relajada, ríe a carcajadas. Viaja a este pobre municipio rural mezcalero y productor de palma, Mártir de Cuilapan, revisa notas y expedientes en un helicóptero y en un avión, entrega casas nuevas, casas remodeladas, obras para captación de agua de lluvia, una estancia infantil, una tienda de alimentos, se reúne largamente con la población a fin de analizar proyectos productivos para realizar aquí, en este lugar que fue escogido para poner en marcha el programa piloto de la Cruzada Nacional contra el Hambre. Y habla extensamente. De política y de pobreza. Más de pobreza, porque pareciera que los temas políticos ya no la entusiasman tanto como cuando era dirigente nacional del PRD, aunque eso sí, está al tanto de todo lo que se publica en los diarios. También, por instantes, charla de sus emociones y sensaciones. Es la controvertida Rosario Robles, la secretaria de Desarrollo Social, la misma del "no te preocupes, Rosario" que el presidente Enrique Peña Nieto le obsequió públicamente en medio de la polémica por el la utilización proselitista de la ayuda social en Veracruz.

Primer tercio. Política…

¿Sintió que se iba a tener que ir, Rosario, por ese escándalo, o sintió un apoyo fortísimo del Presidente?

(Su semblante se torna serio…)

Yo todo el tiempo siento que me puedo ir en cualquier momento. Yo estoy aquí invitada por el Presidente de la República y obviamente es él el que tiene la decisión de hasta cuándo voy a estar, hasta cuándo le soy útil al proyecto que encabeza. Yo todo los días adopto la filosofía de Alcohólicos Anónimos: hoy la hice, mañana quién sabe…

Solo por hoy…

Solo por hoy… Mientras acá está la disputa política, hay un mexicano cada hora que se está muriendo de hambre. Eso es lo que me interesa responder y resolver, eso es lo que me quita el sueño.

Cuando uno habla con algunos gobernadores o algunos funcionarios parece que es un problema de gen, de chip: lo de ellos es ganar elecciones y les da exactamente igual pasar por encima de lo que sea y arriesgar el Pacto, los proyectos sociales. ¿Cómo lo vive usted?

(Se ríe. Luego se pone seria.)

Vi el jueves a todos los gobernadores reuniéndose con el Consejo Rector del Pacto asumiendo compromisos. Se está empezando a generar una nueva cultura política. El Pacto en sí mismo habla de una nueva etapa. Poco a poco esto tiene que ir permeando en todos los niveles. Todos tenemos que cambiarnos el chip, todos tenemos que entender que estamos en una nueva etapa, que México ya cambió, que México ya no es el mismo, y que no cabe ninguna actitud que no tenga que ver con este nuevo México que tenemos en términos democráticos…

Está sentada en un enorme campo de futbol de pasto sintético recién inaugurado, en una silla, a la sombra de un árbol. Tiene el cabello lleno de confeti, producto de las obras que recién entregó. Parece que ya no le gusta tanto hablar de política. Prefiere de la pobreza, de la miseria de más de la mitad de los mexicanos. Cambio de tercio…

***

Segundo tercio…

Este municipio, Mártir de Cuilapan, tiene más de 17 mil habitantes y está ubicado en una zona ardiente de Guerrero, a una hora de camino desde Chilpancingo. El lugar tiene un grado de marginación "muy alto", casi la mitad de su población padece carencia alimentaria (8 mil personas que sufren hambre), y diez mil 800 (64 por ciento) sobreviven con ingresos inferiores a la “línea de bienestar mínimo”. O sea, en pobreza extrema.

En 30 años no ha cambiado nada en la pobreza, estamos igual. Usted misma nos enseñó unos gráficos al respecto en MILENIO hace algunas semanas. El Estado ha gastado miles y miles de millones de pesos y nada cambia. ¿Cómo sabemos que ahora sí va a cambiar algo?

Durante muchos años los programas se limitaron a transferencias monetarias, entrega de recursos a familias y pensaron que por ese simple hecho las cosas iban a cambiar. Ahora estamos implementando una estrategia integral, no solo estamos en la parte alimentaria, que sí, es muy importante, el hecho de que coma esta gente ya va a ser un gran cambio, pero además estamos hablando de salud, de educación, de vivienda, pero sobre todo del aspecto productivo para que la gente tenga que salir adelante por su propio pie con proyectos de desarrollo económico en cada zona, en cada municipio.

Perdone, pero no veo cómo. ¿No le asusta esto?

Claro que se puede. Sí podemos hacer esto, de uno en uno, de familia en familia podemos ir transformando la realidad. Yo creo que podemos. Y tenemos que… —no se desanima.

Perdóneme que sea escéptico, pero…

Y con toda razón. Empieza a haber cambios, como esa señora que hoy le entregamos su casa remodelada, con rampas para su silla de ruedas (la mujer perdió una pierna por una infección mal tratada, algo habitual en estas zonas remotas de escasos medicamentos y aún menos médicos). Pero sí, los cambios son de largo plazo, de seis años para empezar a ver transformaciones, pero teníamos que empezar, y empezamos. Ese es el compromiso, que a seis años podamos decir que estos 7.4 millones de mexicanos que son la población objetivo de la Cruzada en 400 municipios no estén ya en condición de pobreza extrema y de carencia alimentaria. Si eso lo logramos, que la gente pueda comer tres veces al día de manera adecuada y nutritiva, nos sentiremos satisfechos…

Se me hace que en esta generación no lo vamos a ver, como ocurrió en 30 años. ¿Usted de verdad lo cree, lo siente?

(Se le pone opaca la mirada unos instantes, pero se recupera y le vuelve a brillar.)

Tengo que creerlo… Tengo que sentirlo. Si no, no estaría aquí. ¡Claro que lo creo!

Si estuviera mirando a los ojos a mexicanos pobrísimos, ¿les va a decir eso, de veras cree que les va a cambiar la vida?

¡Vamos a cambiarles la vida! ¡Tenemos que cambiarle la vida! Es una obligación ética, es una obligación moral cambiarles la vida. Tenemos que…

***

Último tercio. Cosas de Dios y seres superiores…

Con este paquetote que tiene, ¿siente que se tiene que encomendar a Dios?

(Se carcajea sonoramente. Y con tremenda sonrisa cierra la entrevista así:)

Pues traigo a mis santitos ahí, todo el tiempo…