9 de enero de 2013 / 01:13 p.m.

 Los testimoniales que dieron empleados del casino Royale a la Procuraduría General de Justicia distan de la versión oficial que las autoridades dieron a conocer a la población.

Según las documentales en las que se fundamenta la investigación de la Comisión Estatal de Derechos Humanos en torno a los hechos del 25 de agosto de 2011, antes del incendio se perpetró un robo y la intrusión de los delincuentes, la mayor parte de ellos ya sentenciados, duró más de 20 minutos, y no los 90 segundos que informaron las autoridades estatales.

Además, aquellas sospechosas armas que se encontraron en el techo del inmueble pertenecían a dos guardias que habían sido contratados por el mismo dueño de la casa de apuestas, Raúl Rocha, con ocho meses de anticipación a los hechos y por las noches actuaban de vigías a manera de francotiradores.

Los empleados e incluso el jefe de seguridad, niegan tener conocimiento de amenazas y extorsión por parte de la delincuencia organizada, y refieren el incidente del mes de diciembre de 2010, cuando se rafagueó el inmueble sin haber daños mayores o lesionados, como único antecedente de una situación de esta naturaleza.

Sin embargo, algunos relatan en sus declaraciones que durante el mismo mes de agosto, aproximadamente dos semanas antes del ataque, llegaron al inmueble patrullas de la Policía Municipal de Monterrey, seguidos de la Policía Federal y de la Policía Ministerial, ante una presunta llamada de alerta, la cual no salió del casino.

El relato más elocuente es el de Fernando (nombre ficticio), del área de cajas y bóvedas, quien aquella tarde del 25 de agosto llegó a cumplir su jornada laboral una hora antes del ataque, a las 15:15.

Empleado de la empresa desde tres años antes, declaró ante Juan Manuel Trujillo Serna, agente del Ministerio Público Investigador especializado en delitos contra la Vida y la Integridad Física número Cuatro, que a las 15:20 fue sorprendido saliendo del baño por un delincuente armado, quien lo encañonó para que lo llevara directamente al área de bóvedas.

“"Síguele caminando cabrón, dame el dinero que tienes en la bóveda, y no voltees"”, fue la orden.

Fernando sólo sintió la presión de lo que pensó era un arma, pero no se atrevió a confirmarlo, mientras avanzaba por el pasillo hacia las bóvedas y abría con su tarjeta de seguridad.

“"Dame el dinero que tienes en la bóveda, no te tardes porque si no, se los va a cargar la chingada”", le dijo nuevamente mientras le entregaba un sobre y lo vigilaba desde el quicio de la puerta sin ingresar al espacio.

La transcripción de la declaración ante el Ministerio Público, explica los hechos de la siguiente manera: “"….refiere el dicente que al estar en el interior de la bóveda tomó el dinero que estaba sobre un escritorio, el cual introdujo a un sobre de papel tamaño carta en color amarillo, refiere el de la voz que ahora sabe que el dinero que tomó era la cantidad aproximada de $125,000.00-ciento veinticinco mil pesos 00/100 Moneda Nacional a $130,000.00-ciento treinta mil pesos 00/100 Moneda Nacional, ya que recuerda que agarró dos fajillas que cada una contenía cien billetes de quinientos pesos y billetes de doscientos pesos así como billetes de diversas denominaciones que se encontraban sueltos…."”.

El jefe de bóvedas caminó por el pasillo que llevaba al área principal de juego con la mirada hacia el piso, como se lo había ordenado su atacante, y fue entonces cuando refiere que se comenzó a escuchar la movilización en la zona.

El relato de Karla, una de las coordinadoras de monitoreo, sigue con la historia, y es que aproximadamente a las 15:10, mientras se encontraba con dos compañeras de trabajo, Jazmín y Martha, un compañero de seguridad, cuyo nombre no conocía, arribó hasta sus oficinas para anunciarles que la unidad número 2 estaba sola, razón por la cual no se habían percatado de la llegada de un comando armado.

"“El sujeto tocó la puerta y me dijo que no había nadie en monitores dos, porque nos avisaron que había afuera un comando armado”", explica en su comparecencia a las autoridades estatales.

Ella decidió enviar a una de sus subalternas, Jazmín, a confirmar las palabras del empleado de seguridad; la joven regresó cinco minutos después, a las 15:15, señalando que no vio nada.

Karla toma la determinación de buscar a su superior jerárquico, Hernán, y en ese momento es cuando se percata por medio de las cámaras que empleados del área de Poker Room empiezan a correr y después la visibilidad se pierde, todo se llena de humo.

Pero fue Édgar, un empleado del valet parking del Royale, el testigo primigenio de los hechos.

Su relato empieza a las 15:00 observó afuera del local una camioneta de la Policía Municipal, con número 448 que se acercó y estacionó en la rampa de acceso hacia la entrada del inmueble, mientras una más bloqueaba la rampa de acceso al sótano.

Observó cómo un compañero del área de seguridad, de nombre José Luis, se acercó a los elementos a preguntar el motivo de su presencia en el sitio.

"“Les habían reportado gente armada antro del casino”", dijeron los uniformados al empleado, y a otro encargado de nombre Fernando, quien les aseguró que no había ningún problema y les pidió que se retiraran porque “"espantaban a la clientela”".

Édgar relata en su declaración que a las 15:30 horas arribó un vehículo Mini Cooper color amarillo o dorado con una franja negra en el que iban entre tres y cuatro personas que portaban armas largas tipo metralleta.

La declaración, tomada el 26 de agosto de 2011 en la misma Agencia Especializada en Delitos contra la Vida y la Integridad Física número Cuatro, dice: “"…los sujetos del Mini Cooper eran sujetos de edad joven, de edad aproximada 25 a 30 años de edad, que eran de tez morena, de una estatura aproximada 1.70, quienes vestían playeras tipo polo de manga cortas y pantalones de mezclilla….”"

Continúa relatando que no puede precisar las características físicas de las personas, pero recuerda que una de ellas era mayor que el resto, de aproximadamente 40 años, con algo de sobrepeso, de casi 1.80 metros de estatura.

Fue este sujeto quien se le acercó con el arma en las manos, dándole la orden: "“Métete al casino, saca toda la gente a la verga”".Sin mucho tiempo para actuar, el joven avisó a su compañera Gloria, y buscando al guardia de seguridad, José Luis, quien minutos antes había corrido del lugar a los policías municipales, entró al inmueble al grito de “saca a la gente, saca a la gente”.

Aunque cumplió la orden, Édgar recibió una patada por parte del delincuente y más palabras altisonantes, pero no dejó de dar aviso y comenzar a organizar la evacuación de la gente.

A los clientes que se encontraba a su paso, guió hacia las escaleras del segundo piso y de allí a la azotea, en donde se percató de que ya había más de 100 personas que lograron ponerse a salvo, dirigiéndoles hacia la puerta de personal que conducía a una de las salidas del estacionamiento. Una vez afuera, ya no pudo volver a entrar, el lugar estaba envuelto en una nube densa de humo.

Si bien todos los empleados insisten en no tener conocimiento de amenazas o extorsión hacia empleados o el dueño del casino Royale, los hechos son más elocuentes y una instrucción dada meses antes por el dueño de la casa de apuestas, Raúl Rocha, confirma que había peligro en la operación del negocio.

Norberto, jefe de Seguridad del casino, relata en su declaración: “"(Raúl Rocha) les mandó decir que en el techo del casino, después de las 19:00-diecinueve horas, iba a haber dos personas que iban a estar armadas tipo francotiradores, por si pasaba algo, pero que no le comentaran nada al resto del personal, agregando el de la voz que desconoce qué tipo de armas portaban dichos sujetos, ya que los mismos no eran parte del personal de seguridad y solamente bajaban al área de comedor por su comida y se regresaban al techo”".

La historia es confirmada por otros dos empleados del mismo departamento, Óscar y Leobardo, quienes relataron que entre semana estaba una sola persona y los fines de semana en ocasiones estaban los dos sujetos.

Norberto abona en su declaración que estas personas tenían aspecto de militares o policías y casi no hablaban con ninguno de los empleados del casino, y que los mismos estaban en el techo desde el mes de diciembre de 2010.

Concluye afirmando que estas personas llegaban y se iban sin armas al casino, por lo que piensa que los mismos podrían dejar las armas guardadas o escondidas en el techo; explicándose así el hallazgo hecho por los elementos de la Procuraduría durante las investigaciones.

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Toda la información se desprende de las declaraciones realizadas por los empleados al:Lic. Juan Manuel Trujillo Serna, agente del Ministerio Público Investigador especializado en delitos contra la Vida y la Integridad Física número Cuatro, y que fueron realizadas entre el 26 de agosto y el 4 de septiembre de 2011, como parte de la indagatoria sobre los hechos.