9 de enero de 2013 / 12:49 a.m.

La Casa de Justicia de El Porvenir, en Ayutla de los Libres, tiene en una celda de tres por dos metros a cinco personas en proceso de “reeducación”, tras haber cometido presuntas faltas.

 

Guerrero • En una celda de tres por dos metros en la Casa de Justicia de El Porvenir, perteneciente al municipio de Ayutla de los Libres, conviven cinco personas sujetas a reeducación; dos son menores de edad, tres son adultos y uno de ellos está acusado de colaborar con una célula del crimen organizado.

Los consejeros de la Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias de Ayutla permitieron una breve charla con las cinco personas detenidas desde hace dos meses aproximadamente, y todos niegan ser responsables de las conductas que se les achacan.

"Carlos" tiene 15 años; su cabello está casi a rape, la piel es morena y los ojos rasgados, su comunidad de origen es Coxcatlán y fue detenido acusado de portar un arma que supuestamente disparó al aire en varias ocasiones.

“Pues dicen que yo andaba echando balazos pero no es cierto, yo no tengo armas y es puro chisme de la gente, aunque por culpa de eso ya llevo aquí un mes”, responde con desgano mientras recarga su espalda en el pido de concreto de la celda, luego acomoda la cabeza sobre la pared de un azul pálido para intentar dormitar.

Antes de voltearse, comenta que hasta el momento no ha recibido la terapia de grupo que los consejeros de la CRAC imparten cada tarde, como parte del proceso de reeducación que se aplica a los infractores.

Lo que sí ha hecho es salir a trabajar a las comunidades, abriendo milpa, desgranando mazorca, cavando zanjas y arreglando los techos de viviendas maltratadas.

"Lucio" tiene 16 años pero parece de 14, también es de Coxcatlán y comparte la acusación con "Carlos": “Dicen que traía un arma de fuego y yo no sé nada de eso”.

Viste pantalón de mezclilla y playera blanca, sobre la cabeza de este joven descansa una gorra color azul marino con las siglas NY.

Originario del vecino municipio de Cruz Grande, el señor Martín Anselmo reconoce que los comunitarios lo sorprendieron fumando mariguana en la localidad de Tierra Blanca.

Desconocía que la CRAC tuviera presencia en dicho pueblo y tampoco sabía la forma en que se sanciona el consumo de droga en la zona de influencia del sistema de seguridad y justicia comunitario.

Viste camiseta color azul marino, sobre su cuello cuelga un cordón del que pende un colmillo y la gorra que le protege del sol. Tiene estampada la imagen de la virgen de Guadalupe y sus ojos muestran claramente la urgencia que tiene por salir del lugar.

-La verdad es que a mí me detuvieron por el vicio.

¿Al alcohol?

-No, a la mariguana, pero ya no siento la necesidad de fumarla y quiero regresar cuanto antes con mi familia.

El hombre aparenta por lo menos 45 años, reconoce que el trato que le dan los policías comunitarios es bueno, ya que lo alimentan, le dan cobijo y a veces los sacan a esparcirse algunos momentos.

Me agarraron en Tierra Blanca, no sabía que había comunitaria y me agarraron fumando mariguana.

Tayde Evaristo Rafael es un adulto mayor que no recuerda con exactitud su edad, aunque calcula que debe tener más de 65 años, lo que pudiera ser una justificante de la sordera que evidencia cuando estira el cuello y gira ligeramente la cabeza para tratar de escuchar plenamente lo que se le cuestiona.

“Yo estoy aquí porque me acusan de querer agredir una muchacha, pero yo no hice nada, solo se aprovechan de que yo no oigo ni puedo hablar bien, tanto ella como su mamá”.

El hombre tiene desnuda la parte alta del cuerpo, se acuesta plenamente en cuanto responde las preguntas, siempre a medias porque además de la sordera tiene que enfrentar recurrentemente dificultades para hablar.

Es originario de Pozolapa y solamente viste un pantalón café oscuro.

"Laguna" en el recuerdo

El caso más complicado es el del señor Marcelino Pascual, de 40 años de edad y originario de la comunidad de Ahuacachahue. Lleva dos meses detenido a partir de que se le relaciona en la participación del “levantón” que el 23 de noviembre sufrió un comandante de la Policía Comunitaria.

El hombre asegura que su único delito es no tener un recuerdo exacto de lo que ocurrió a su alrededor en un día de parranda.

“La verdad es que sí, yo andaba ahí porque ese día me tomé unas cervezas, no recuerdo bien que horas eran y otros camaradas vieron que yo estaba en el momento en que le daban el ‘levantón’ al comandante”.

Explica: “Me echaron la culpa de que yo fui el que dio el ‘pitazo’ de que ahí estaba el comandante solo por estar ahí, pero yo no sé nada de eso, ni siquiera se qué fue lo que pasó”.

Para él, la situación en la casa de justicia es regular, pues no ha sufrido ningún tipo de agresión, pese a lo delicado del señalamiento que pesa en su contra.

Sostuvo que ya tiene testigos que pueden aportar elementos sobre su inocencia y por lo tanto, pidió a los representantes de la CRAC que agilicen el proceso con el que se desahogará caso.

“Yo estoy a la espera de que se reúna la asamblea, me pidieron los datos de cada testigo y se los di, pero hasta el momento no se ha visto nada claro en cuanto a la solución de mi asunto, yo quiero que ya se convoque porque estoy seguro de que vamos a demostrar mi inocencia”, apunta.

Tiene el pelo muy corto, está descalzo, viste una playera blanca y su pantalón en negro.

Arturo Campos, el comandante de la CRAC en Ayutla, señala que los detenidos sujetos a reeducación son alimentados por los habitantes del pueblo, diariamente dos familias se coordinan para llevarles el desayuno, la comida fuerte del día y la merienda.

Reconoce que la celda es pequeña, pero señala que por el momento es la única instalación en que se les puede atender, por eso convocó a la población a no cometer infracciones que ameriten su detención.

Rogelio Agustín Esteban