27 de junio de 2013 / 02:42 p.m.

México • Es el segundo año de peregrinaje que reunió a familiares de víctimas del crimen y sus historias de dolor y terror, ahora con madres de 12 desaparecidos en un bar de la Ciudad de México, que cumplieron un mes de no saber nada de sus parientes. Marcharon de la glorieta de Peralvillo a la Basílica de Guadalupe, donde fray Gonzalo Ituarte pidió al gobierno "terminar con esta guerra absurda" y exigió al crimen organizado "humanizarse" y pensar "en el dolor que causan", para luego exclamar desde el púlpito: "¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos!"

Y habrá que retroceder dos horas, cuando a eso de las 10 de la mañana llegaron familiares de víctimas, convocados por el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, esta vez sin Javier Sicilia. Poco a poco se reunieron sobre la calzada de Guadalupe, la mayoría con indumentaria blanca y fotografías de parientes y letreros como ese de "Regrésenme esa sonrisa perdida", e historias de hijos, hermanos, padres y sobrinos desaparecidos en diversas zonas del país.

Eran, son, madres de familias que peregrinan solas o acompañadas, como Araceli González Pérez, cuya hija, Luz del Carmen, de 13 años, desapareció el 12 de abril de 2012 en Ecatepec, Estado de México. Era Semana Santa y estaba de vacaciones. La sacaron de su casa. Llegó su padre y ya no la encontró. "Se la tragó la tierra", dijo Araceli, quien caminaba cerca de Guadalupe Torres, cuyo hijo, Fernando Martínez, de 25 años, desapareció en febrero de 2011, en Cazones de Herrera, Veracruz.

El mismo destino tuvo su tío Luis, de 32 años, y su primo José Antonio, de 22, y otro pariente, Alejandro, de la misma edad. Un mes antes, pero en Poza Rica, desapareció Marion Ivette, de 20 años. Todo ocurrió a cuadra y media de su casa, recuerda Olga Lidia, su madre, quien viaja al DF dos meses al mes en busca de indicios, “pero la ley es muy lenta”, se quejó, pues “yo les he dado toda la información”.

Y vestidos de payasitos, porque ese es su oficio, desfilaban los padres de Mónica Alejandra, de 29 años, estudiante de psicología, quien desapareció de la estación Carrera del Metro el 14 de octubre de 2004. Un compañero de la escuela, ahora preso, fue cómplice de los secuestradores, junto con un ex comandante de la policía del Estado de México, implicado en el asesinato de un abogado.

“¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos!”, se escuchaba el coro de los familiares, entre ellos los de Mauricio Aguilar, de 42, desaparecido en mayo de 2011, en Córdoba, Veracruz. Delante iba el ingeniero Carlos Castro, cuyas hijas, Carla Verónica y Joana Monserrat, y su esposa Josefina fueron secuestradas de su domicilio en Xalapa, Veracruz, la medianoche del 6 de enero de 2011.

Entre las decenas de mantas plastificadas sobresale una con un extenso letrero: “Una tristeza infinita agobia mi corazón… Tu ausencia es una triste realidad que el llanto nos arranca, mas tengo en mi tristeza una alegría… ¡Que algún día te voy a encontrar!” Luego, abajo, la fotografía de Marazuba Teresa Gómez Montes, de 24 años, secuestrada, junto con tres colaboradores, de la Unidad Especializada de Antisecuestro, en Durango, Durango, el 29 de noviembre de 2010.

Sostienen la manta sus padres Yolanda y Fausto, oriundos de Atoyac de Álvarez, Guerrero, quienes recuerdan que su hija, como funcionaria de Morelos, resolvió 22 casos de secuestro, luego de recibir cursos sobre la materia en Colombia y Estados Unidos. “No vamos a dejar de luchar hasta que la encontremos”, dice Fausto, hombre trabajador, quien logró solventar los estudios a sus tres hijos.

Los otros secuestrados, que acompañaban a Marazuba, son Elber Espinosa, subcoordinador antisecuestro; Gustavo Campos y Vicente Macías, analistas operativos, de 28, 29 y 32 años, quienes trabajaban en la Procuraduría General de Justicia de Durango. Fue frente a estas oficinas de donde se los llevaron.

"¡Porque vivos se los llevaron, vivos los queremos!", entonaban los manifestantes, mientras un grupo de mujeres, en la parte de atrás, repetían plegarias, para luego añadir: “¡Dónde están, dónde están, nuestros hijos dónde están!"

Y en esa parte de la formación también marchaban las madres y parientes de los desaparecidos hace un mes del bar Heaven de la Zona Rosa, así como los que fueron secuestrados de otro bar, El Virtual, en la delegación Gustavo A. Madero, invitados a sumarse por el Movimiento por la Paz y la Justicia con Dignidad.

Y arribaron a la explanada de la Basílica de Guadalupe, donde aguardaron un momento. Entonces se abrieron los portones y apareció Gonzalo Ituarte, quien roció con agua de un jarrón a los visitantes. "No se rindan, sigan caminando y exigiendo frutos", pidió el religioso, y recordó que "muchas veces las bandas del crimen están respaldadas desde el poder".

Terminaba la misa y, afuera del inmueble, en el patio del templo, se dispersaban los familiares, entre ellos Leticia Ponce, madre Jerzy, el único menor de edad de los 12 desaparecidos en el bar de la Zona Rosa. "Quiero a mi hijo, yo quiero a mi hijo, que no inventen, están desviando la línea, yo quiero a mi hijo", repetía.

HUMBERTO RÍOS NAVARRETE