ISRAEL SANTACRUZ
12 de mayo de 2013 / 01:08 p.m.

Monterrey.- • Desde temprana hora, Monterrey lució pintada con los colores de los equipos locales. Y es que las horas previas al Clásico Regio, son aquellas donde la pasión se desborda, cuanto más si se trata de las finales del torneo mexicano.

Las principales avenidas dejaban ver el apoyo de la afición hacia sus equipos, que este sábado se disputaron el pase a semifinales y que finalmente fue Monterrey quien dejó en el camino a su oponente.

Esta pasión desbordada se llevó a todos niveles, como el de Luis, un joven que con la casaca del Monterrey de los años noventa enfrentaría un mini clásico partido llanero en la zona aledaña al Estadio Tecnológico.

"Ahorita vamos a jugar un Monterrey contra Tigres y a disfrutar del futbol desde temprano; porque este día no hay más que futbol desde que amanece hasta que te duermes. No hay más, así de fácil", dice el joven que con su sola sonrisa se muestra confiado en que su equipo será el triunfador.

Pero su pasión no se hace notar solo en sus palabras, pues Luis es un joven que como muchos, apuesta no solo al orgullo.

"Yo la verdad sí, aposté mi cabellera, a un amigo Tigre, pero pues estoy confiado en que ganaré, tengo confianza en mi equipo”, señaló.

Hay otros que son mucho más modestos. Roberto, un joven vestido con la casaca de Tigres, señala que apostó solamente 200 pesos a sus compañeros de trabajo. Otros, como Ebsael, es aún más modesto, pese a tener la confianza en sus Rayados; él sólo apostó un six de cerveza.

"No, apuestas no, si acaso nomás así de que un six, pero nomás para la emoción", expuso.

Sin embargo, para los aficionados de uno u otro equipo, tienen en común mucho más que el triunfo de sus equipos, pues desean que la emoción y pasión no se desborde de las tribunas, esperando que se trate de un clásico en familia.

"Lo importante en esto es que no haya violencia. Tanto en el interior como exterior, esperemos en Dios que todo salga bien, porque el beneficiado es el aficionado", pide Ricardo de la Garza, un taxista que no desaprovecha para hablar de futbol entre las carreras que realiza las horas previas al juego y que orgulloso muestra el color de los Tigres.

Y es que como comenta, todos tienen un amigo Tigre o Rayado, al que más allá de los colores de sus equipos, los une un sentimiento de amistad que va entrelazado con la rivalidad, más no el odio.