19 de enero de 2013 / 04:22 a.m.

Monterrey.-   • Eran las dos de la tarde, el gobernador Rodrigo Medina y el Secretario de Economía a nivel federal, Ildefonso Guajardo, se reunieron para comer, luego de su breve gira por Linares.

Ambos lucían camisa y chaleco de temporada para el frío, pero como la temperatura era muy moderada, se arremangaron las mangas de sus camisas.

Al llegar al restaurante donde se miran todos, se dieron cuenta que no estaba lleno, pues había mesas desocupadas.

Los dos decidieron estar solos, y los asistentes de ambos, por parte del secretario de Economía, eligió al coordinador de delegados de la dependencia a su cargo, Jorge Cantú Balderrama, en tanto que al gobernador lo asistió el secretario de Economía a nivel estatal, Federico Vargas.

Pidieron dos tequilas, el de moda, Maestro Dobel Diamante, y conversaron ampliamente, no pidieron botana, se esperaron para el platillo fuerte y aunque había poca gente, empezaron las especulaciones.

Unos decían que cual sería la lectura de este encuentro, si era para placear al que se va a quedar en su lugar, o el candidato a la gubernatura del 2015.

Los dos no escucharon las especulaciones, dialogaron, saborean con traguitos cortos el tequila cuando un asistente del gobernador lo interrumpe para decirle si ya podían entrar los reporteros gráficos y con su movimiento de cabeza dice que sí.

En plena comida se aparece el diputado local, Francisco Cienfuegos, quien acude a la mesa, saluda muy discretamente y se aleja.

En otra mesa estaba el coordinador de las delegaciones de la Secretaría de Economía, Jorge Cantú Valderrama, acompañado del secretario de Economía en el Gobierno estatal, Federico Vallejo.

El mesero asignado les pregunta si quieren ordenar, ambos piden lo mismo, agujas, otro tequila (segundo de la tarde) y degustan la exquisitez de las aguas que les prepararon y ubicaron al centro.

Les ofrecen tortillas inflables, especialidad de la casa, las aceptan y también las llamadas "recién paridas", porque son de las recién hechas.

Se dejan caer con las agujas, el único que se olvida de los cubiertos fue Ildefonso Guajardo, quien saborea su aguja a mano, es decir a mordidas.

La conversación no se interrumpe, el mesero ofrece otro tequila o lo que les gustaría, les sirven dulces regionales y no ocupan ni una gloria de Linares. Ambos estaban contentos por la gira y las obras en marcha en ese municipio, se levantaron de la mesa y se dirigieron a la salida.

El gobernador preguntó por Bertha, la administradora del restaurante, le dijeron que estaba en la caja registradora, y fue a despedirse de ella con beso, abrazo y a decirle que regresaría pronto.

 Víctor Salvador Canales