4 de abril de 2013 / 03:05 a.m.

Monterrey.- • En Nuevo León, aunque hay unos 80 mil indígenas de 50 etnias, poco se nota, porque tienden a mimetizarse en la cultura norestense, ante el temor fundado de ser discriminados por sus costumbres diferentes.

Si encuentran un ambiente de respeto, muestran sus valores y pueden aportar mucho, señala el investigador Juan José Olvera Gudiño, de la Universidad Regiomontana.

"Un migrante no es una persona que viene necesitada, las razones de los migrantes no exclusivamente son la pobreza, muchas veces son ganas de conocer".

Una buena parte de la gente que llega trae un proyecto educativo, ya sea porque busca mejorar su estatus sociocultural, o porque ya tiene un hermano mayor trabajando aquí, que lo trae para que estudie.

De hecho, aclaró Olvera Gudiño, los indígenas que viven en la entidad no forman una comunidad compacta, sino que están dispersos por todos los rumbos de la ciudad. Exactamente que el resto de la población.

Para muchos, esto implica un proceso de integración que no siempre desean, pues hay quienes no gustan de los valores, las tradiciones ni el ritmo rápido que se vive en la ciudad. Ellos generalmente buscan reunir dinero que les ayude a salir adelante en sus comunidades y regresan a su tierra.

Otros, en cambio, más que integrarse, se mimetizan a la cultura norestense, asumen igual forma de vestir, de hablar, y valores similares.

Hay otros intermedios. "Hay algunos que mantienen la lengua y nosotros generalmente no la conocemos porque no la usan delante de los mestizos regios, porque tienen miedo de que los critiquemos".

Pero "tendemos a hacerlos menos, a mirarlos raro, y nadie estaría dispuesto a que nos miren raro, que nos hagan señas. Preferimos hablar nuestro idioma solo ante quienes lo valoren, que son los amigos, los compañeros de raza".

La verdad es que existe discriminación, y optan por ocultar su origen indígena, que no es difícil, explica Olvera Gudiño, porque étnicamente no hay mucha diferente entre el indígena y el mestizo. "Es cuestión cultural, no genética".

En los últimos años, la población indígena en la entidad ha crecido a un ritmo mayor que el resto de la población, en parte porque los matrimonios tienden a tener más hijos que el promedio, y en parte por la inmigración.

FRANCISCO ZÚÑIGA ESQUIVEL