9 de diciembre de 2013 / 01:56 a.m.

La Copa del Mundo obtenida por la selección de Inglaterra en 1966 estuvo opacada por la supuesta ayuda que recibió para que todo se inclinara a su favor, desde su designación como sede y organizador, pasando por la ayuda arbitral y un polémico gol en la final.

En aquel entonces ya en los medios de información se mencionaba que Stanley Rous, ex silbante y presidente de la FIFA, fue el principal responsable de que se le concediera a dicho país la organización del certamen mundialista.

La organización del torneo jamás ocultó la predisposición que hubo para favorecer al equipo inglés. La integración de los grupos y el calendario de juego daban al cuadro local más días de descanso que a otros y todos sus partidos los disputó en Londres, en el estadio de Wembley.

Pero el equipo "de la rosa" se dedicó a hacer lo suyo, primero en el sector en el que fue ubicado, el Uno junto con Uruguay, México y Francia, y posteriormente en las series finales con "una pequeña ayuda" de sus "amigos", los árbitros.

En la fase de grupos el conjunto dirigido por Alf Ramsey apenas pudo empatar sin goles en su debut con Uruguay, que venía de tener una discreta actuación en Chile 1962; cinco días después, el 16 de julio, dio cuenta de México por 2-0.

Los goles fueron conseguidos por Bobby Charlton, al minuto 37, y por Roger Hunt, al 75?, jugador que repitió, ahora con un doblete en el idéntico 2-0 sobre Francia, en el mismo inmueble y también ante más de 90 mil espectadores, el 20 de julio.

Inglaterra clasificó a los cuartos de final y se midió a su similar de Argentina, encuentro donde se mostró lo que ya era evidente, la inclinación de los silbantes por ayudar al anfitrión a conseguir el que hasta ahora es su único título del orbe.

Ese 23 de julio, el árbitro alemán Rudolf Kreitlein encaró al jugador pampero Antonio Rattín y le gritó algunas "linduras" para luego expulsarlo sin causa aparente, lo que le allanó el camino a los de casa para ganar 1-0 con tanto de Geoff Hurst, al 78?, y avanzar a semifinales.

Portugal fue el oponente en esa otra etapa del torneo organizado para su lucimiento, al que derrotó por 2-1, pero las suspicacias ya eran un hecho consumado. Por el cuadro inglés Bobby Charlton marcó los goles del triunfo y Eusebio por el cuadro lusitano.

Pero el acabose de la ayuda para dejar la Copa Jules Rimet en casa se dio en la final contra República Federal de Alemania, que lucía favorita para coronarse, ya que el técnico Helmut Schoen tenía toda la experiencia del mundo para conseguirlo.

En el tiempo regular, el partido disputado en el estadio de Wembley terminó empatado 2-2 con goles de Hurst, en el minuto 18, y de Martin Peters, en el 78, para los de casa; por el cuadro germano marcaron Helmut Haller (12') y Wolfgang Weber (89').

El cotejo se prolongó a tiempo extra y fue en el minuto 101 cuando Hurst realizó un disparo que impactó el travesaño y el balón picó para marcarse gol, aunque hasta la fecha no se sabe si el balón rebasó o no la línea, para adelantarse 3-2.

Con una Alemania anímicamente afectada por esa anotación polémica hasta la fecha, en el minuto 120 Hurst hizo el 4-2 definitivo que le dio a Inglaterra su primer y único campeonato en un mundial que tuvo a modo.

La Reina Isabel de Inglaterra fue la encargada de entregar el trofeo que acreditaba a la selección anfitriona nueva campeona del mundo, al capitán Bobby Moore, momento que quedó guardado con ambos expresando una amplia sonrisa luego de una "misión cumplida".

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