1 de octubre de 2013 / 05:20 a.m.

En el inició del mes de octubre en España saldrá a la venta un libro de 320 páginas realizados por los periodistas Sebastían Fest y Alexandre Julliard que lleva por nombre "El Misterio de Messi". La publicación se trata de una biografía no autorizada por Lionel Messi en la cual se centra particularmente en la vida privada del jugador argentino.

En la información que fue presentada a la prensa, según los autores descubrieron que la vida de Messi no es tan chata como su entorno parece mostrar. El libro relata las técnicas y tácticas de juego, batallas políticas en el seno del conjunto culé, rivalidades así como la omnipresencia de la familia en su vida diaria o la gestión del negocio Messi.

El texto remarca la sobreprotección familiar y el lado infantil en que él tres veces ganador del Balón de Oro, el cual prefiere que otros intervengan en su nombre o enviar mensajes de textos para saldar problemas.

 

El tratamiento hormonal

La publicación asegura que el argentino tenía cubierto en su país el tratamiento el cual necesitaba para favorecer su crecimiento antes de partir a Barcelona el cual era proporcionado por el Programa Médico Obligatorio (PMO) por la obra social de la empresa Ancidar en la que trabajaba en aquel tiempo el padre del jugador, Jorge Messi.

De igual manera el libro refuta la versión que dieron hace años de que Messi debía emigrar a Barcelona porque no tenía las posibilidades de encarar en Argentina el tratamiento que necesitaba para su desarrollo físico.

Los autores publican que encontraron numerosos testigos que afirman que los 1.000 dólares mensuales necesarios para el tratamiento eran cubiertos una mitad por el Estado (más allá de que se habían atrasado en el pago de algunas cuotas) y el resto entre la obra social y la Fundación de la empresa del padre del jugador.

El incomodo de Messi con Ibrahimovic

En el primer capítulo del libro, titulado "El Shock" los autores revelan el fastidio que sintió el astro argentino en la temporada 2009/2010 cuando Barcelona contrato al jugador suego Zlatan Ibrahimovic en pedido personal del entonces entrenador Josep Guardiala; donde La Pulga mando un mensaje de texto al técnico.

Aquí te dejamos un extracto del primer capítulo:

Lionel Messi estaba molesto, quisquilloso. Y el que lo sufría, como siempre, era Josep Guardiola. De un momento a otro, el entrenador del Barcelona había entrado en tensión, incómodo en el primer asiento del autobús. El teléfono móvil acababa de vibrar y Guardiola escrutaba la pequeña pantalla con algo de desconcierto. "Mira esto", le dijo a su íntimo amigo Manel Estiarte.

La lectura del breve SMS le produjo a Estiarte el mismo efecto que al ex 4 del Barcelona: sacudida, desconcierto y una breve risa incrédula. Sin decirse nada, los dos amigos se dieron cuenta del peligro de ese mensaje de texto que acababa de enviar el mejor futbolista del mundo.

España vivía el otoño de 2009 y el autobús encaraba el camino de regreso tras un partido de la Liga. Los que relatan el momento difieren en cuanto a las palabras exactas, pero coinciden en el espíritu del mensaje de texto que el argentino le envió a su entrenador: "Bueno, veo que ya no soy importante para el equipo, así que...".

Una vez más, Messi se escudaba tras un teléfono móvil. Aunque en los últimos tiempos fue evolucionando, para él seguirá siendo más fácil enviar mensajes de texto que decir las cosas. La pelota y el teclado de su móvil son, en cierta forma, los dos universos más messiánicos. No importaba que estuviera en el mismo autobús y sólo unos pocos asientos más atrás de Guardiola y Estiarte. Que sea tímido, que le cueste comunicarse, no quiere decir que Messi no sea ambicioso, e incluso inconscientemente despótico a la hora de imponer su categoría. [...]

En el vestuario del Barcelona hay una frase que define el modo en que se mueve el mejor futbolista del mundo: "No es dictador, pero sí se hace notar a su manera". Messi sabe que no hay nadie mejor que él, sabe que influye en el equipo como ningún otro jugador. Y aquel día en el autobús volvió a hacerlo.

La aparición del sueco Zlatan Ibrahimovic, un fichaje en el que Guardiola se había empecinado, había sido una mala noticia para él. Messi lo intuyó primero y lo confirmó después. Tenía una deuda de gratitud con Guardiola, un hombre al que en 2008 no conocía tanto, pero que se lo había ganado con una de las primeras decisiones que tomó como técnico: torcerle el brazo al club para que le permitiera al argentino jugar con la albiceleste los Juegos Olímpicos de Pekín, en los que se llevaría el oro. Sí, Messi le debía una a Guardiola, pero la sutil presión (¿amenaza?) viajó desde su móvil hacia el del técnico porque esta vez había peligro. Era claro. Messi venía de un par de partidos sin brillo e Ibrahimovic estaba jugando bien. Se complicaba el proyecto del argentino, esa vida plácida en el Barcelona en la que no debía luchar por ser el líder, y el centro de todas las cosas, porque todos se lo reconocían sin que lo tuviera que pedir. Con Ibra no, con el sueco era diferente.

El argentino se las arreglaría en la era Guardiola para imponerse como referencia del ataque ante depredadores del área como el camerunés Samuel Eto'o, un hombre con el que no tenía mala relación, y se fagocitaría amablemente a Bojan, que terminaría en la Roma muy enojado con el entrenador del Barcelona. Lo mismo que a Eto'o le sucedería al chileno Alexis y al español Villa un par de temporadas después. [...]

Aquel SMS de Messi en el inicio de la temporada 2009-10 le hizo ver al entrenador las luces rojas de peligro, aunque también le ayudara el hecho de que el sueco perdiera rápidamente la paciencia y se convirtiera en el rebelde del grupo, aseguran aquellos con acceso al vestuario del club. "Yo sé jugar así, voy a jugar así, de delantero centro", le dijo al entrenador, abriendo una distancia que ya nunca se achicaría.

A la siguiente temporada, Ibra estaba fuera del Barça. ¿Había vuelto Messi a ganar desde el silencio? El sueco cree que no: "Todo empezó bien, pero después él comenzó a hablar", explicaría años más tarde el delantero, durante una entrevista con la CNN. "Messi quería jugar en el medio, no de extremo, por lo que el sistema cambió de un 4-3-3 a un 4-5-1. Yo fui el jugador sacrificado y ya no dispuse de la libertad en el campo que necesito para tener éxito", reveló.

Ibrahimovic siempre podrá decir que durante un año formó parte del Barcelona de Messi, pero la experiencia fue para él más amarga de lo que hubiera imaginado. Guardiola, que insistió para que el Barça fichara al sueco, debió tragarse su orgullo, pero salió ganando. Ibra también se lo tragó, pero perdió. Por eso tuvo especial valor lo que dijo horas antes de medirse en abril de 2013 al Barça de Messi y Tito Vilanova por la ida de los cuartos de final de la Liga de Campeones: "Messi es el mejor jugador del mundo. Al Balón de Oro le deberían dar su nombre".

Los grandes futbolistas saben cuándo hay otro aún más grande que ellos. Por eso también hay que darle crédito al gigante sueco: quizá sea cierto lo que dice, quizá Messi le ganó la partida con algo más que gestos y mensajes de texto, quizás habló claramente con Pep del tema. No se puede descartar, porque los años en los que Messi sólo hablaba a través de la pelota estaban llegando a su fin.

REDACCIÓN