12 de enero de 2013 / 06:00 p.m.

México  Iván Adrián Pizaña Rojano, El Ivancito, apenas estuvo 57 días en libertad. Es conocido también como El niño sicario por su participación en siete homicidios que le comprobó la Procuraduría del DF, aunque en sus pláticas informales acepta otros tantos más. Quizá el doble.

Hoy tiene 22 años de edad, los últimos cinco los vivió en prisión, en un dormitorio restringido, solitario, húmedo y con poca luz, con visitas restringidas y actividades específicas.

En la Comunidad de Tratamiento para Varones de San Fernando, la fama de El Ivancito salió a la luz. Lo acusaron de robo a mano armada, secuestro y homicidio. Formaba parte de una banda de adolescentes que traía asolado al barrio de la Ermita-Zaragoza, en Iztapalapa.

Su banda la conformaba El Negro, El Chocorrol, El Furcio y El Güero. Todos fueron detenidos y el último en ser liberado fue El Ivancito, las autoridades penitenciarias se negaban a dejarlo en libertad.

Fue su madre quien amenazó con presentar quejas ante la Comisión de Derechos Humanos del DF. Sus presiones tuvieron efecto el 14 de noviembre del año pasado, ese día Pizaña Rojano dijo que reencauzaríasus acciones.

Sin embargo, los delitos continuaron: lesiones, asaltos a mano armada en la vía pública y en el transporte, amenazas y un nuevo homicidio. Fue el 26 de diciembre en su barrio, en la Unidad Habitacional Ermita Zaragoza.

Ese día, El Ivancito increpó a la familia de Francisco Javier Ángeles Gutiérrez para obligarlos a retirar una denuncia penal que había en su contra por lesiones. No le hicieron caso. Acompañado de su banda buscó a la nueva víctima para balearlo. Desde entonces se dio a la fuga.

Devoto de San Judas Tadeo, Pizaña Rojano buscó a su familia, a su pareja sentimental con la que tiene un hijo. Esa acción facilitó su captura, en esta ocasión para ser puesto a disposición de un juez penal.

El Ivancito ingresará al Reclusorio Preventivo Varonil Sur donde no tiene protección, aquella que le facilitó su estancia en la correccional de San Fernando por la influencia que tuvo de su progenitor desde el Reclusorio Oriente.

— LETICIA FERNÁNDEZ