20 de abril de 2013 / 03:36 p.m.

Ciudad de México • En el Registro Civil de la Ciudad de México hay 27 millones de documentos. Todos bien resguardados en una bóveda y en anaqueles, donde reposan actas de nacimiento y fallecimiento, de matrimonio y divorcio. Esconden secretos que pocos saben, como el que la letra "I" de Francisco I. Madero no significaba Indalecio ni Ignacio, como se llegó a decir, sino Inocencio.

Y aunque la muerte de Madero fue reportada el 24 de febrero de 1913, el acta indica que la "defunción" "acaeció" dos días antes, "se ignora la hora; siendo su domicilio en el Castillo de Chapultepec. Haciéndose constar no haber certificado médico de defunción. Se dio boleta para el panteón Francés”. Enseguida se mencionan los nombres de los testigos y sus domicilios.

Ya hasta el final —según transcripción cotejada—, Rómulo Luna, juez segundo auxiliar del Registro del Estado Civil, asienta:

"Se hace constar que posterior a la fecha en que se levantó la presente, se recibió un certificado que se archiva con las anotaciones de ley, suscrito por el médico militar Virgilio Villanueva, en que consta: que el mencionado señor Madero falleció de dos heridas penetrantes de cráneo por arma de fuego". Es un dato histórico. Entre millones.

Otra acta con rasgos peculiares, ésta de matrimonio, es el enlace de Porfirio Díaz y Carmen Romero, que resalta ambos nombres con grandes caracteres.

"La contrayente de Tula, Tamaulipas, de 17 años, doncella…", inicia el juez su escritura y, después de escribir otros datos, añade:

"En virtud de ser cierto lo expuesto por los contrayentes, los interrogué si es su voluntad unirse en matrimonio, y habiendo contestado afirmativamente, yo el juez hice la solemne y formal declaración que sigue: en nombre de la sociedad declaro unidos en perfecto, legítimo e indisoluble matrimonio al ciudadano general Porfirio Díaz y la señorita Carmen Romero y Castelló".

Y hay más antecedentes de quienes fueron protagonistas de la historia patria y de personajes que destacaron en las artes, la literatura, la ciencia, la actuación, el canto, la política, como Benito Juárez, Porfirio Díaz, Germán Valdés Tin Tán, Jorge Negrete, Frida Kahlo, Juan Rulfo, entre otros.

El Registro Civil aporta algunos datos que alberga en tomos distribuidos en su cripta y anaqueles que la rodean: de 1861 a 1979, las actas se hacían a mano; 90 por ciento de éstas, certificadas, corresponden a nacimientos.

En 2012 se registraron 60 mil nombres únicos, combinados o solos; el nombre más común, en ese mismo año, fue Santiago, con mil 944; el de Sofía, en segundo lugar, con 791, seguido de Fernanda, con 787 menciones.

El "nombre" más largo registrado en el DF cuenta con 30 nombres. Es una mujer. Nació el 14 de abril de 1914 y fue registrada el 22 del mismo mes y año.

En ese mundo de documentos bien alineados, donde desfilan millones de nombres, trabaja Marisela Torres, encargada de archivo, quien aporta un dato:

—A partir de 1861, tenemos las municipalidades como Guadalupe Hidalgo, Mixcoac, General Anaya, Tacubaya y Tacuba. Esto termina en 1930, y a partir de ese año inician los juzgados, que ya empiezan con numeración.

También hay un departamento donde fotografían un cúmulo de documentos con cámaras digitales, expedidos desde 1861, cuando Manuel Blanco, gobernador de la capital, “puso en vigencia las Leyes de Reforma y se acuerda exonerar a los curas de rendir el informe de nacidos, casados y muertos al supremo gobierno”.

Y para que el acervo perdure, manos expertas, la mayoría de mujeres, se afanan en la restauración de actas originales, muchas de éstas con más de 100 años de antigüedad. Siempre bajo la supervisión de Patricia García, encargada de preparar materiales para la restauración, e Ivonne Reyes Zurita, egresada de la Escuela de Archivonomía y Biblioteconomía.

Además de la digitalización, que ya tiene un avance de 95 por ciento, otros proyectos vienen en camino, dice el director —juez central— del Registro Civil, Héctor Maldonado San Germán, quien anuncia:

"La tercera etapa de la modernización administrativa es la creación de un museo donde la gente que venga al Registro Civil pueda observar todo este acervo histórico que tenemos, como son los casos de las actas de defunción de Benito Juárez, la de Francisco I. Madero, y de tanta gente famosa que ha dejado huella en el país y en el mundo; también está la creación de un museo virtual para que las personas que no viven en la Ciudad de México puedan realizar un recorrido vía internet".

En un salón anexo, el abogado Germán González, asesor de la dirección general del Registro Civil, coloca sobre una extensa mesa diez tomos abiertos que contienen "actas registrales", para luego detallar particularidades de algunas, como las de Benito Juárez, de Porfirio Díaz y de la escritora Elena Poniatowska, entre otros.

El funcionario comenta que en la defunción del presidente Benito Juárez, ocurrida en 1872, "se asentó como causa de la muerte un dato curioso: ‘neurosis del gran simpático’, que en realidad es lo que conocemos como infarto al miocardio".

HUMBERTO RÍOS NAVARRETE