16 de octubre de 2013 / 12:42 a.m.

La invasión de agua sobre la carretera de Laredo hacia Monterrey convertía en peligroso un tramo de un kilómetro, muy cerca de la frontera con Estados Unidos.

 

Monterrey.- Como la justicia, la lluvia no es pareja en México. Por un lado, como en la caseta de peaje de Sabinas Hidalgo, ni gota.

Por otro, cerca de Laredo, el cielo se cayó virtualmente y dejó muchos problemas a quienes fueron sorprendidos por la tormenta de octubre.

Con coloridas banderolas que contrastaban con los sobrios tonos de sus uniformes, oficiales de la Policia Federal advertían a los conductores que debían bajar su velocidad.

La invasión de agua sobre la carretera de Laredo hacia Monterrey convertía en peligroso un tramo de un kilómetro, muy cerca de la frontera con Estados Unidos a 24 horas que un diluvio mantuvo cautivos a miles de vehículos al desbordarse tres ramales del Río Salado.

Al bajar el nivel de las aguas, la causa de la inundación parecía ser manifiesta. En el tramo anegado había cinco puentes, de unos seis metros de ancho, que se convirtieron en insuficientes compuertas para una presa que formó el elevado bordo de la carretera federal.

A pesar de las advertencias de los federales de moderar la velocidad, el conductor de un auto sufrió un desperfecto y quedó con el cofre abierto a un lado del encharcado camino en espera de auxilio o que se le secaran los cables del motor, lo que ocurriera primero.

A 68 kilómetros rumbo a Monterrey, la caseta de cobro en Sabinas Hidalgo operó, como parece ocurrir, con inundación o sin ella. Sin evidencias de efectos de una lluvia que, rumbo a la frontera dejó este martes importantes escurrimientos derivados del aguacero del amanecer del lunes que, en algún tramo entre los límites de Tamaulipas, Nuevo León y Coahuila habría depositado unos 150 litros por metro cuadrado, el doble de lo que históricamente cae en un mes de septiembre en Nuevo Laredo, enorme cantidad que no alcanzó a filtrarse al subsuelo, aun saturado por la humedad dejada por temporales recientes.

A 23 kilómetros al sur del sitio de la inundación, sobre el cuerpo principal del Río Salado, se unen la carretera libre y la autopista a Laredo, donde hace tres años y tres meses ocurrió un desbordamiento que incomunicó la conexión entre Monterrey y la frontera Norte.

Sin embargo, el restaurante La Bamba se quedó sin operar por segundo día consecutivo. El área de estacionamiento con charcos con profundidad de hasta 20 centímetros, impedían la llegada de comensales. Desde un cuarto adjunto, un hombre observaba con aparente resignación.

Joel Sampayo Climaco