28 de abril de 2013 / 02:34 a.m.

La fiesta la puso los Libres y Lokos, pero el que se comió todo el pastel con todo y cereza fue su contraparte, La Adicción.

Un gol de Leobardo López apagó la euforia de la afición felina, pero le dio a su hinchada la felicidad y el acceso libre a tirar carrilla toda la semana a sus colegas rivales, pues su equipo se alzó con el Clásico 97.

Lo curioso es que siguen los demonios para Tigres y su afición, pues un ex jugador de Pachuca les hace la maldad, recordando las dos finales que perdieron contra los Tuzos, y que caló hondo en la organización auriazul.

Monterrey echó a perder el color que pusieron los de la "doble L", cuando previo al arranque del derbi sacaron una manta gigante con un tigre abordo de un coche y otro trapo con la leyenda: "Incomparable hay una sola".

Además mostraron un mosaico de colores amarillo y azul.

La idea fue novedosa, al menos en el futbol mexicano, pues otras porras de Europa, como la del equipo Galatasaray, de Turquía.

"Hincha de Tigres ¿cuál es tu profesión?, la U, la U, la U", gritaban los barrista auriazules y el resto de lo seguidores los acompañaban.

Mientras que la barra de Rayados respondía con: "Monterrey. Monterrey", que rápidamente la afición tigre lanzaba los "buuu".

El estadio Universitario se vistió casi en su totalidad de los colores del equipo y sólo una pequeña mancha albiazul se dejó ver.

Pero al final fue ese reducido número de seguidores los que se llevaron la alegría a sus casas, pues su plantel respondió.

Al final, los Libres y Lokos y la fanaticada de Tigres en general trató de impulsar a su equipo a ir por el empate con el tradicional cántico: "Vamos Tigres, te quiero ver Campeón ottra vez", pero no surtió efecto.

El cierre fue espectacular, Tigres con todo al ataque y Rayados listo para el contragolpe, pero sólo hubo un ganador y ese fue el aficionado azul y blanco.

Raúl Villarreal