21 de marzo de 2013 / 01:02 p.m.

Monterrey • Con una ovación de pie que se prolongó durante varios minutos es como lo regiomontanos agradecieron el trabajo actoral del primer actor Ignacio López Tarso, que regresó a la ciudad de Monterrey para presentar la obra de teatro “"El cartero"” en donde da vida al poeta chileno Pablo Neruda.

Un verdadero deleite fue el resultado de la gama de sentimientos que presentó el catedrático de la actuación, que en un simple momento arrancó el suspiro de las presentes, para terminar con un chascarrillo y provocar la carcajada de los presentes.

Basada en la novela “"Ardiente paciencia"” del escritor chileno Antonio Skármeta, “"El cartero"” narra la entrañable amistad que surge entre Mario Jiménez, un empleado postal encarnado por el joven actor Rolf Petersen, y el laureado poeta Pablo Neruda mientras éste espera en su casa de Isla Negra, frente a las costas chilenas, la notificación del Comité del Premio Nobel.

Ahí Neruda se transforma en el confidente y guía romántico de “El cartero, dando sabios consejos en forma de metáforas a Mario Jiménez (“el cartero”) para conquistar a Beatriz González, una joven que trabaja en el restaurante de la familia, de quien se enamoró a primera vista.

La obra que además de López Tarso cuenta con las participaciones de Helena Rojo (Rosa viuda de González), Rolf Petersen (“el cartero”) y Livia Brito (Beatriz González), quienes fueron adentrando a los presentes poco a poco al mundo de Neruda, donde las poesías tomaban vida y sus letras remontaban a la vida del chileno que en 1971 recibiera el Premio Nobel de Literatura.

El Auditorio Cumbres se transformó en un teatro donde la experiencia en el escenario fue completa, la escenografía rotatoria que plasma la fachada de la casa de Neruda, se convertía en cuestión de un apagón de luces en una habitación, hasta la cocina del restaurante donde trabaja la mamá de Beatriz.

Un Pablo Neruda lleno de vitalidad, con mucha energía y en diversas ocasiones hasta pícaro fue el que regaló López Tarso a los regiomontanos, que con cada línea o cada trazo dejó en claro su experiencia, mientras que el público agradecía su entrega brindando una entrada generosa.

Cada detalle fue cuidado con mucha cautela para transportar al espectador a la década de los 60, años a los que se remonta la historia, pues desde la utilería como teléfonos, discos de vinilo, vestuario, aparatos y hasta música de Los Beatles transformaba el foro principal del Auditorio Cumbres en la Isla Negra.

Con todos los elementos de una comedia ligera mantiene al espectador por espacio de 90 minutos, tiempo que dura la puesta en escena, al tanto de los sucesos de la historia, sin olvidar las carcajadas, chistes inteligentes y perfectos que hicieron deliciosa la historia presentada.

Al término de la función, el público saltó de sus butacas para enfrascarse en un interminable aplauso, a tan sólo segundos que el actor saliera para agradecer la presencia del público. Sin dejarlo decir ningunas palabras, por los aplausos, el elenco de obra se despidió.

ALBERTO SANTOS