5 de marzo de 2013 / 08:44 p.m.

El delantero de Cruz Azul, Christian Giménez, aseguró que la lesión que sufrió durante el partido contra América anímicamente lo mató, y que este lunes fue uno de los días más tristes al saber que no estará con el equipo.

El jugador viajó este martes con el equipo a Guadalajara, donde será revisado por el médico Rafael Ortega para determinar, una vez revisados los estudios que le realizaron este martes, si requiere de cirugía o no.

"Vamos a Guadalajara a ver la gravedad de la lesión y a ver qué es lo que tengo. La rodilla se inflamó, no tanto, pero no quiero decir nada hasta que no me vea Rafael Ortega y el doctor (Alfonso) Jiménez.

"(La lesión) me mató, anímicamente me mató, ayer fue uno de los días más tristes porque la noticia no es la mejor. No me duele tanto la lesión, sino el no poder estar en los partidos siguientes con el equipo", lamentó el "Chaco" Giménez.

Entrevistado en la terminal aérea antes de viajar con el equipo que enfrentará al Atlas en la Copa, el jugador se mostró optimista de que solamente se trate de una rotura parcial del ligamento cruzado de la rodilla izquierda.

"Hay que ver cómo está, vamos a evaluar, hay muchas posibilidades de que sea parcial no total. Realmente no me quiero apurar, se puede decir algo ahora y en la noche puede salir otra cosa. Voy con muchas esperanzas, soy positivo, que sea lo que Dios quiera, lo único que cambiará son los meses, las ganas son las mismas", declaró.

Comentó que "siempre cuando hay una lesión fuerte la rodilla tiene más bostezo, estaba más inflamada y hoy (martes) amaneció un poco desinflamada y eso es un buen síntoma", confió el jugador de origen argentino.

Interrogado de por qué no abandonó el partido (el sábado pasado) al momento de sentir el problema en la articulación, que incluso lo hizo cojear, Christian Giménez explicó que era el clásico (contra el América) y no sentía dolor.

"No (quise salir) porque estaba bien. No quiero que digan que me gusta vender humo, no. No quise salir porque no pensé que fuera tan grave, (además) era un clásico, sentía dolor, pero no quise salir", reiteró.

Ahora que espera el diagnóstico confesó que "la ansiedad y los nervios me están haciendo una mala pasada... cualquier lesión a un compañero es un golpe anímico, creo que si se tiene que operar, sería mañana mismo".

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