2 de julio de 2013 / 02:27 p.m.

Monterrey • Al tratar de silenciar denuncias por mal manejo de los recursos del fondo de pensiones a su cargo, los líderes de la FNSI terminaron cometiendo un secuestro que los tiene hoy recluidos en un penal federal, en el estado de Chihuahua.

Jacinto Padilla Valdés y Gerardo Ibarra Ruiz pretendían perpetrar un levantón en contra de su director jurídico, Eduardo Flores, luego de que éste anunciara sus deseos de renunciar, pero en su lugar la víctima fue Eliasiv Anarcasis Flores Fernández, un abogado de 22 años, su hijo.

El joven trabajaba en el área jurídica del hospital Santa Cecilia, que pertenece a la Federación Nacional de Sindicatos Independientes.

En exclusiva para MILENIO Monterrey, el ex empleado del sindicato y padre de la víctima, revela la historia que tiene a su familia en la incertidumbre desde hace ya más de dos años.

CRIMEN PARA CUBRIR DESFALCO

A principios de 2011 empezaron a relucir los malos manejos del fondo de previsión social de los agremiados a la Federación; la remodelación de los edificios de la central, las inversiones e incluso el estilo de vida ostentoso que se daban el secretario general Jacinto Padilla Valdés y el tesorero Gerardo Ibarra Ruiz eran cada vez más evidentes.

Personal "de seguridad" que no estaba en nómina y que los empleados identificaban como porros, hicieron gran presencia en el sindicato, en Isaac Garza 311, en el centro de la ciudad.

Las inconformidades de algunos empleados como el mismo Flores y algunos integrantes del Comité Ejecutivo comenzaron a hacer mella y los cuestionamientos de los medios de comunicación apenas empezaban

No sólo Eduardo Flores, sino también su hijo Eliasiv eran parte de este grupo que observaba cómo poco a poco La Fede, como le llaman sus agremiados, se iba hundiendo en situaciones de irregularidad y corrupción.

"Despidieron a mucha gente que les hacía ver que estaban haciendo mal uso y aprovecharon el momento de inseguridad que vivía el estado y el país, para subirse a ese camión de inseguridad y que pasara desapercibido como una cuestión de inseguridad con la consecuencia de que fue a mi hijo al que desaparecieron", dijo.

El joven abogado de 22 años fue testigo de cómo ingresaban al hospital Santa Cecilia hombres heridos de bala, de los cuales no se daba cuenta a la Procuraduría General de Justicia del Estado.

Padre e hijo empezaron a pensar en renunciar, sin imaginarse que su separación de la central se haría realidad de un modo que ninguno pudo imaginar.

"IBAN POR MÍ"

Sus palabras dejan entrever la culpa que carga desde entonces. Dice que él debió haber sido la víctima del plagio, y al recordar el incidente, unas lágrimas rebeldes escapan por sus ojos. Se las seca y enjuga el sudor con una especie de rabia, luego toma aire y sigue contando su historia.

"Yo estoy seguro de que era a mí a quien querían desaparecer, porque mi hijo ese día, el 8 de febrero de 2010 traía mi carro, llegó y se estacionó en mi lugar y allí fue donde personas que contrataron, gente mala, abordaron a mi hijo y eso precipitó que horas después lo privaran de su libertad pero afortunadamente hubo testigos de lo que ya está aceptado en el expediente, en donde ellos tenían porros y gente armada en esas fechas, desde el 2 de febrero tenían gente allí armada", dice el atribulado padre.

Eliasiv iba hablando con su hermano Eduardo, a quien le dijo que había visto gente muy rara en el estacionamiento y personas que se le acercaron para comprobar su identidad y después retirarse.

Alcanzó a escuchar que alguien más decía: "Déjalo, no es él", a lo que el joven respondió: "¿No son quién o qué?", pero ya no recibió respuesta.

Horas más tarde, el joven salía de un café en la avenida Miguel Alemán, en el municipio de Guadalupe; al ir conduciendo a la altura de un restaurante de hamburguesas se topó con una conocida y de coche a choche se saludaron durante un cambio del semáforo.

Fue ella quien observó cómo un sujeto en una camioneta blanca chocó a Eliasiv obligándole a detener la marcha, luego bajó del vehículo portando un arma, lo encañonó y lo obligó a pasar al asiento del copiloto, para luego huir por la avenida Churubusco al oriente.

GOLPE DE BUENA SUERTE

Desde el 9 de febrero de 2011 día en que realizó la denuncia, las esperanzas de Eduardo Flores de que su hijo apareciera y se hiciera justicia habían ido desvaneciendo.

Como abogado intentó colaborar en las indagatorias, recibió el apoyo de una buena cantidad de testigos que aceró al Ministerio Público, pero no lograba que se inculpara a los actores intelectuales del secuestro.

Luego, en marzo del mismo año, con el cateo y posterior detención de Gerardo Ibarra Ruiz, tesorero de la FNSI, renació su esperanza de que se comenzara a hacer justicia, pero tras varios meses de litigio, un tecnicismo legal y un juez a modo soltaron al también ex tesorero de la asociación civil Vertebra.

Pasarían un par de meses, antes de que el 24 de mayo de 2011 una persecución y balacera entre el Ejército y delincuentes en Ciénega de Flores derivara su causa al fuero federal.

En los hechos se encontró abandonado el auto en el que levantaron a Eliasiv y en esa jornada murió el hombre al que la testigo reconoció como perpetrador directo de los hechos, José Arturo Briseño Muñiz.

La PGR atrajo el caso y el 15 de noviembre de 2012 encontró elementos para detener a Jacinto Padilla Valdés y a Gerardo Ibarra Ruiz, a quienes llevaron al Cefereso número 9 en el municipio de Ciudad Juárez, en Chihuahua.

El día 21 de noviembre les dictaron auto de formal prisión, proceso que siguen apelando. Sobre el paradero de Eliasiv, aún no se sabe nada.

"A mí la justicia ya no me resarce a mi hijo, pero es una ventana de alivio que los responsables reciban el justo pago que la ley tenga a bien aplicarles, es la ley, pero a mí no me resarcen en nada a mi hijo; yo sigo en búsqueda de mi hijo, quiero encontrarlo como esté y si tienen algo de corazón quisiera decirles que de cualquier manera, en forma anónima me digan dónde quedó para irle a llorar en donde esté", implora.

DANIELA MENDOZA LUNA