12 de agosto de 2013 / 01:05 p.m.

 El gobierno federal combatirá la mortalidad materna en zonas indígenas con la instalación de consultorios armables para realizar ultrasonidos y estudios de laboratorio, e incluso trasladar a las pacientes en helicóptero a hospitales de zonas urbanas.

El programa empezará en El Nayar, Nayarit, considerado uno de los tres municipios con índices altos de pobreza extrema en el país.

Óscar Villaseñor Anguiano, secretario de Salud de Nayarit, informó que se trata de un proyecto muy peculiar porque por primera vez llegarán los hospitales de primer nivel a zonas marginales y durante 24 horas darán atención a embarazadas.

El proyecto será anunciado en unos días por las autoridades federales, las secretarías de Salud y de Desarrollo Social, junto con las representaciones estatales y municipales participantes. Chiapas es la otra entidad que tiene los primeros lugares de pobreza.

Se estima que en un principio auxiliará a 32 mil personas de El Nayar, ya que también se dará consulta a pobladores de localidades aledañas.

El funcionario indicó que las caravanas de salud han sido benéficas, pero no llegan a las zonas marginales y los consultorios móviles pueden llevarse a cualquier lugar, ya que se trasladan por helicóptero.

En entrevista con MILENIO, dijo que la falta de acceso y de atención inmediata ha obstaculizado que las mujeres lleguen a los hospitales o fallezcan en sus hogares por hemorragias.

Se consideraba que Nayarit, sobre todo en las comunidades indígenas, 80 por ciento de los decesos son prevenibles y se pueden evitar. De hecho, dijo, estadísticas oficiales ubican a Nayarit en el segundo lugar de decesos; el primero lo tiene Guerrero.

“Este modelo de atención está diseñado para pueblos indígenas, se cuenta con ginecólogos bilingües, parteras que atienden sus requerimientos de credo y un grupo de respuesta inmediata que usará helicópteros y camionetas todo terreno para llevar a las mujeres que tengan alguna amenaza a hospitales especializados, como el Jesús María, que es mixto y lo maneja medicina tradicional y moderna.

Los hospitales armables, hasta inflables, tienen forma de cruz, como una medida estratégica. Cada área estará bien surtida de equipo tecnológico, insumos, medicamentos, laboratorios y camas. Habrá médicos y parteras, grupos de asesoría de su cultura.

Si bien se trata de un proyecto ambicioso y viable, Villaseñor Anguiano reconoció que los “usos y costumbres” representan un reto.

Los varones huicholes son los que deben dar su autorización para permitir, por ejemplo, el traslado de sus mujeres a los hospitales, e incluso canjean el aval por dinero.

Por lo regular, explicó, los hombres piden recursos porque el que sus esposas se encuentre en la capital del estado les representa para ellos gastos incosteables, por ello solicitan asilo, alimentación y viáticos para los traslados.

La tasa estatal era de 52.18 muertes por cada 100 mil nacidos vivos, y en 2009 llegó a 98.34, cuando a escala nacional la mortalidad materna es de 62.2 muertes, aproximadamente, por 100 mil nacidos vivos.

El gobierno federal se comprometió, como parte de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, a reducir la mortalidad materna en tres cuartas partes entre 1990 y 2015, lo cual significa que para 2015 disminuya a 22 muertes por cada 100 mil nacidos vivos.

Existe otro proyecto paralelo. La presidenta de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI), Nuvia Mayorga Delgado, anunció que a través de IMSS Oportunidades y la Secretaría de Salud se capacitará a las parteras para acercar a las indígenas a los servicio de emergencias en Guerrero, Oaxaca y Chiapas, donde se estima que 5 por ciento de las mujeres muere al año por una falta de atención oportuna al momento del parto.

Dijo que de acuerdo al presupuesto que reciba CDI, por parte del Congreso, se podrá cuantificar el éxito de este proyecto de reducción de las muertes maternas, principalmente, porque todos los servicios les quedan retirados de sus comunidades.

Además se acondicionarán las Casas de la Mujer de CDI, en los tres estados, para que las parteras ahí atiendan a las indígenas en el momento que van a tener su bebé y que por la distancia no pueden llegar a tiempo a los centros de salud.

— BLANCA VALADEZ