GUSTAVO MENDOZA LEMUS
7 de septiembre de 2013 / 08:17 p.m.

Monterrey • La tradición debe continuar, con lluvia o sin ella. Los chilaquiles ya empezaban a despertar el hambre del estudiantado que hacía filas por todo el Jardín de las Carreras.

En esta ocasión tanto el pastel como la tradición de los chilaquiles a la Tecnológico tenían un toque especial: serían los ingredientes que alimentarían la conmemoración por los 70 años del Tec de Monterrey.

Con algunas gotas cayendo, el mariachi no dejaba de sonar amenizando el escenario que usarían rectores y alumnos minutos más tarde para continuar con los festejos, luego de la ceremonia solemne en el Auditorio Luis Elizondo.

"¡Pero sigo siendo el rey!"… La estrofa de José Alfredo Jiménez salía de las gargantas de cientos de jóvenes.

Con algunos ligeros estragos de la lluvia se abrieron paso Salvador Alva Gómez, rector del Sistema Tecnológico de Monterrey, y David Noel Ramírez Padilla, rector del Tec de Monterrey.

Más adelante llegaría José Antonio Fernández Carbajal, presidente del Consejo del Sistema Tecnológico de Monterrey, y con ello empezó la ceremonia.

"Voy a ser breve, porque ya hace hambre", dijo Ramírez Padilla al tomar la palabra.

Como lo había remarcado en sus discursos anteriores, el rector habló sobre los planes a futuro y retos que se plantea el Tecnológico, de convertirse en la mejor universidad de América Latina y ubicarse entre las primeras cien universidades de todo el mundo.

Los cientos de jóvenes esperaban el arranque oficial de la entrega de chilaquiles. La devoción a la tradición es tal, que una joven no se explica cómo un alumno no los haya probado en sus cuatro años de estudio en el Tecnológico.

–En cuatro años por fin voy a probar los chilaquiles.

–¿Estudias aquí?

–Sí, el doctorado.

–¿Entonces qué has hecho sin probar los chilaquiles?

La mayoría enfundados en la camiseta azul y blanco conmemorativa por el 70 aniversario, los jóvenes no perdieron oportunidad de documentar el aniversario gracias a la tecnología de sus celulares inteligentes y tabletas electrónicas.

Así atestiguaron y aplaudieron, las siete campanadas largas que se dieron en honor a los empleados, a los directivos, a los consejeros, a los profesores, a los alumnos y a los exalumnos.

La lluvia empezaba a asomarse cuando los directivos y los alumnos de las diferentes asociaciones estudiantiles se enfundaron los mandiles y gorros de cocinero para empezar con el reparto de los chilaquiles.

Los primeros afortunados recibieron sus platos de la mano de Salvador Alva, David Noel Ramírez Padilla o de José Antonio Fernández Carbajal, acompañados de tortillas.

Así, sin decir "¡ahí va el agua!" las nubes dejaron caer una intempestiva lluvia.

"¡La lluvia es el condimento, no se asusten!", gritaban los repartidores del alimento con tal de no desanimar a los jóvenes. Sin embargo, lo que no decayó fue el entusiasmo estudiantil por lo que en media hora los presentes ya le habían dado un buen bajón a los chilaquiles.