19 de septiembre de 2013 / 01:18 p.m.

Guerrero • El joven Diego limpia uno por uno los jitomates que no fueron dañados por cincuenta centímetros de lodo que cubre cinco hectáreas de tierra cultivada por su padre, el señor Liborio Encarnación Sánchez.

La tierra de labor se ubica en el punto conocido como Milpillas, a dos kilómetros de la cabecera municipal de Zumpango, justo sobre la ruta que va hacia Iguala de la Independencia.

En esas cinco hectáreas de tierra llana ubicada a la orilla del río, la familia Encarnación pretendía obtener solo en esta semana mil cajas de jitomate, que en dinero representaría un ingreso de 500 mil pesos.

En el mercado cada caja de jitomate tiene un costo de 250 pesos. En la siembra el señor Liborio y su hijo Diego invirtieron 300 mil, más allá de lo obtenido en esta semana quedaría producto por desprender de las plantas y habría temporada fuerte durante el próximo mes.

Pero con las precipitaciones del fin de semana el río creció como la familia de agricultores nunca esperó, Diego asume que su esperanza fue arrastrada por el agua achocolatada que todavía golpea con violencia los amplios márgenes del río.

A las tres de la tarde del martes pasado, Diego Encarnación limpia con una franela húmeda el lodo de cada jitomate que logra rescatar, en su rostro hay una expresión de molestia que le hace recibir con dureza a quienes se acercan para indagar sobre los daños.

Hasta el momento en que se le aborda, solo se han rescatado 70 cajas de 20 kilos.

Pero los diez trabajadores que la familia contrata cada año hacen lo imposible por ganarle tiempo al proceso de descomposición, saben que del resultado de su esfuerzo depende también su sustento.

Los empleados hurgan entre lodo. El hijo limpia pieza por pieza el producto que se salvó. El jefe de la familia busca el contacto con funcionarios del gobierno estatal para ver qué tipo de apoyo le podrán proporcionar.

La parcela ya se considera en pérdida total y lo mismo ocurre al menos con dos predios vecinos en los que se siembra maíz.

Del trabajo en esa porción de tierra dependen diez familias, las que tenían proyectado seguir en la cosecha por lo menos hasta el mes de enero.

¿Qué cómo me siento? ¡Imagínese! Dice el joven con enfado al mencionar que en esa tierra están invertidos tres meses de trabajo.

La esperanza de que el sustento estaría seguro por lo menos hasta el fin de año se fue río abajo. Diego Encarnación Salgado sostiene que no es el único en esas condiciones, al menos dos tíos que viven en Chilapa y que tienen la misma actividad corrieron una suerte similar.

ROGELIO AGUSTÍN ESTEBAN