Francisco Zúñiga 
10 de agosto de 2013 / 12:56 a.m.

 

Monterrey.- • Seguramente el lunes que llegue a la primaria donde va a trabajar, sus alumnos van a confundir a la maestra Mónica Mariel Guerra Valdez con una de sus compañeras.

Pero el hecho de ser menudita, no le quitará autoridad ni ganas de trabajar en su primer día, a esta chica que obtuvo la calificación más alta en el examen de oposición que presentaron los aspirantes a una plaza de maestro estatal.

“Van a estar algunos más altos que yo, seguramente –dice con una sonrisa que casi se convierte en carcajada- pero pues nos preparan para todo eso, en realidad, y me siento con la seguridad como para dar un grado, con alumnos que sean más altos que yo”.

Lo único que le preocupa es hacer bien su trabajo. Hasta ahora todo ha salido bien, aunque no esperaba ser el primer lugar.

Por encabezar las altas calificaciones, Mónica Mariel pudo elegir su centro de trabajo, y como vive en Sabinas Hidalgo, eligió la Primaria Juan Soriano, en Zuazua. Hija de maestros, siempre supo que su vocación era seguir la tradición familiar.

Pero no fue fácil, porque sabía que el examen era complicado, pero se puso a estudiar duro, y todo salió bien.

Esmeralda Guadalupe Zapata Martínez, en cambio, no tiene antecedentes magisteriales.Ella obtuvo el segundo lugar, e igual que Mónica Mariel, es de Sabinas, y estudió en la Escuela Normal Pablo Livas, de ese municipio.

“Nos conocemos desde niña, éramos vecinos y estuvimos en la misma escuela, y ahora estuvimos juntas en la misma Normal Pablo Livas, de Sabinas Hidalgo”.

Su plan original no era ser maestra, pues de hecho estudió en Contaduría Pública, pero luego descubrió su vocación y el lunes empieza en una escuela de Ciénega de Flores, y siente algo de nervios.

“Sí estamos nerviosas, y como emocionadas por esta nueva etapa, pero si me siento muy segura”, y dice cuando le preguntan, en evidente son de broma, que ya tiene lista la regla, por si se requieren reglazos”.

Ni ellas, ni el tercer lugar, Estefany Barrón Hernández esperaban ocupar los puestos de honor. Simplemente estudiaron duro, porque sabían que el examen es algo serio. Tan serio como enseñar a los niños sus primeras letras.

Dice que espera “dar todo lo mejor de mí, formar a mis alumnos, aplicar lo aprendido, lo que pude adquirir, mis conocimientos, mis habilidades y mejorar la educación de México”.Para ella, ser maestra es el sueño de toda su joven vida, pues desde niña sus juegos eran dar clases a sus muñecas.

Ahora, ni ella ni sus compañeras nuevas maestras saben qué grado les va a tocar, pero este lunes, llegarán con la misma ilusión y nerviosismo que cuando eran niñas, porque otra vez, será su primer día de escuela.