Aránzazu Perusquía
29 de junio de 2013 / 02:50 p.m.

 

Ciudad de México • Ser guardabosques de las zonas forestales, sobre todo de las áreas naturales protegidas, de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa), en muchos casos resulta complicado con riesgo, incluso, de perder la vida.

Así sucedió el pasado 16 de abril en el Parque Nacional Pico de Orizaba, donde siete inspectores de esta procuraduría (5 hombre y 2 mujeres) fueron retenidos por comuneros que protegían a taladores ilegales.

Este operativo fue parte del programa “Cero Tolerancia” a taladores y personas que se enriquezcan ilícitamente de los recursos naturales del país; participaron 50 inspectores de Profepa, 40 elementos de la Policía Federal, 60 de la Secretaría de la Defensa Nacional y 40 de la Procuraduría General de la República.

Si bien los inspectores, después de realizar algunas negociaciones con los comuneros, fueron liberados, sufrieron la privación de su libertad por más de diez horas y ahora temen represalias y amenazas, por lo que no desean dar su nombre.

Jaime Ramírez Rodríguez, director de Logística y operativos de Profepa, y quien coordinó ese operativo, explica a MILENIO que dentro del Parque Nacional Pico de Orizaba existen ejidatarios y comuneros que se habían estado aprovechando de los recursos naturales de manera ilícita, por lo que apoyaron a los talamontes y 300 comuneros impidieron la salida de los siete funcionarios ambientales.

“Hay grupos de delincuencia organizada en la zona que presuntamente estaban dando protección a los aserraderos, por ello necesitamos la protección de las fuerzas federales; y es que la venta de madera es una actividad muy lucrativa. A veces las personas protegen este tipo de actividades y a quienes las llevan a cabo por que les dan alguna ayuda económica, o por miedo”, dijo Ramírez Rodríguez.

Entre las peticiones que hacían los comuneros para liberar a los siete funcionarios estaban la devolución del material asegurado (madera, maquinaria, automóviles), la promesa de que la Profepa no haría ningún operativo más en esa zona y la aplicación de programas sociales como trabajo temporal. La procuraduría no accedió a estas peticiones y, a cambio, se planteó que a través de sus oficinas en Veracruz, la dependencia daría un plazo de tres meses para informar y capacitar a la gente que quisiera hacer las cosas legalmente para el aprovechamiento de los recursos naturales y “esto está dando resultados, mucha gente se está acercando”. Asimismo se ofreció la posibilidad de crear un vivero regional donde trabaje la gente de la comunidad.

Al material asegurado se le da un final social, por ejemplo la maquinaria y automóviles pueden ser reutilizados; y con la madera se hacen pupitres para escuelas de comunidades de la entidad.

Hacer un operativo como el de Pico de Orizaba, dice el entrevistado, requiere de un arduo trabajo de logística donde la policía, el ejército y los inspectores repasan sus funciones y obligaciones para que no exista algún error que genere un riesgo innecesario; y generalmente participan inspectores ajenos al Estado en donde se llevará a cabo el operativo, como medida de prevención para evitar represalias.

Los 50 inspectores que estuvieron en el operativo recibieron un reconocimiento y una estímulo económico; pero Ramírez Rodríguez afirma que su responsabilidad es cuidar el ambiente sin ningún tipo de reconocimiento ya que “no lo hacemos por recompensa, sino porque es nuestra obligación”. Aún así, se está pugnando por que haya un bono de riesgo por la actividad, una especie de seguro de vida para los inspectores que realizan una tarea de alto riesgo.

“Nosotros no vamos armados, nuestro equipo es un GPS, la ley y un chaleco antibalas; por ello esperamos que en esta administración se contemple la posibilidad de este bono, el sueldo no cubre la posibilidad de perder la vida. Hay que partir de una iniciativa de ley, una asignación de presupuesto en Hacienda y que sea finalmente autorizado, es un reclamo justo y esperamos que se pueda dar”.

El director de Logística y Operativos afirma que volverían, él y sus compañeros, a hacer ese trabajo “ese y otros más peligrosos” porque “debemos proteger los recursos naturales. Es nuestra misión; es una tarea especializada, complicada pero satisfactoria”. “Simplemente hacemos nuestra tarea, de lo contrario, es como decir que militares o policías tuvieron miedo de hacer su trabajo. Le echamos muchas ganas a lo que hacemos”, concluye.