SANDRA GONZÁLEZ
26 de mayo de 2013 / 03:55 p.m.

Galeana • A partir del kilómetro 193 de la carretera 57, en territorio del municipio de Galeana, todavía existe evidencia de una fuerte lluvia y granizo: ropa, colchones, calzado puestos al sol, en tendederos improvisados y animales enlodados paseando por los caminos.

Delante del letrero que anuncia a los ejidos El Cuije, Navidad, San Fernando, San José, La Providencia, El Milagro y El Refugio, los niños jugaban con el hielo que quedaba 15 horas después de la tromba.

La diversión de estos pequeños al jugar con el hielo contrastaba con las caras de preocupación de sus padres, quienes no durmieron porque el colchón estaba mojado y la lluvia amenazaba con tumbar el techo de cartón y láminas.

La tromba duró hora y media pero el miedo aún prevalece.

Silvia Isela Ríos Espinoza es la madre de los pequeños que aún vestían la ropa húmeda y que no los advirtió de cambiarse porque no tenía más que ponerles, pues las goteras encima del ropero no dejaron prenda seca.

"Todo se mojó, parece que llovió adentro. Aquí estamos mal con la sequía, estamos mal si llueve, yo creo que no vivimos bien pero no tenemos a donde irnos", dijo.

En el camino de un ejido a otro se pudo observar que hasta los camiones de carga fueron vencidos, como uno de 3.5 toneladas cargado de arena que se quedó atascado entre el lodo y el hielo frente a la comunidad de La Providencia.

Hace 15 días ya se había registrado un hecho similar y con la granizada del viernes los techos se vinieron abajo en pedazos, como en la casa de doña Ramona Reyes Moreno.

"La ayuda no llega, uno tiene que ir a la cabecera a buscar al alcalde y les dices que necesitas esto o lo otro, yo le dije de mi casita que casi se me cae y ayer nada más vi volar los pedazos pero no me hacen caso, estamos olvidados por los alcaldes que han pasado y que decir de los demás", mencionó la mujer.

La tierra donde están asentados los ejidos es blanda y con cada lluvia aparecen grietas que amenazan las humildes viviendas.

Adriana Sánchez Almanza vive con su esposo y sus hijos temiendo que la próxima lluvia –pronosticada para esa misma tarde- las paredes y el techo se vengan abajo.

Las demandas son muchas: vivienda, alimento, educación, trabajo... Sin embargo ante la lejanía son un pueblo casi olvidado, al menos así lo sienten ellos.