13 de enero de 2013 / 06:07 p.m.

El futuro de algunos pequeños actores ganadores o considerados por la Academia no ha sido el mejor, pese a destacar en su carrera infantil.

 

 

Los Ángeles.- Recuerda qué le pasó a Tatum O’Neal, ganadora del Oscar por Paper Moon, o a Haley Joel Osment, de El sexto sentido. Este año, Quvenzhané Wallis persigue el premio y con 9 años se convierte en la actriz más joven jamás nominada, lo que le expone a la maldición de los niños prodigio que sedujeron a la Academia.

Beasts of the Southern Wild cuenta con una gran interpretación de la pequeña Wallis, en una historia de vida extrema en contacto con la naturaleza en el río Misisipi, pero reabre el debate sobre las estrellas infantiles que ven truncadas su vidas por la irrupción del cine.

Mientras el año pasado la Academia de Cine de España ponía la edad de 16 años como mínimo para ser nominado tras haber reconocido los trabajos de Andoni Erburu o Juan José Ballesta, entre otros, en Hollywood todo sigue igual y Wallis ha batido el récord que anteriormente ostentaba Tatum O’Neal como la actriz más joven nominada por la Academia.

Tatum, hija de Ryan O’Neal, ganaba con 10 años el Oscar por Paper Moon en 1973, pero a partir de ahí su vida se convirtió en un cúmulo de excesos que le sirvieron para escribir el libro autobiográfico Vida de papel.

En él relataba cómo su padre la introdujo en las drogas y el sexo y sus tórridas relaciones con, entre otros, Melanie Griffith, Jean Claude Van Damme o el príncipe Alberto de Mónaco.

Casada con el tenista John McEnroe y madre de tres hijos, en 2008 fue detenida en Nueva York cuando intentaba comprar crack y cocaína, y argumentó que "estaba investigando para un papel" de drogadicta.

Jackie Cooper, el más joven nominado al Oscar al Mejor Actor Protagonista (en 1931 por Skippy a los 9 años), prosiguió su carrera con dignidad e incluso se recuperó en los 70 gracias a la saga de Superman, pero también escribió su experiencia personal bajo el título de ¡Por favor, no le dispares a mi perro!

Tan curioso título hacía referencia al director de Skippy, Norman Taurog, quien amenazó con asesinar a su mascota para asegurar que llorara ante las cámaras.

Eran los años 30, tiempo de menos control de los derechos de los niños, en los que Hollywood exprimía la gallina de los huevos de oro mientras podía. Y era la época de esplendor de Shirley Temple, quien recibió en 1935 un Oscar miniatura por causar furor con sus rubios caireles. Tenía seis años.

"Dejé de creer en Santaclós cuanto tenía seis años. Mi madre me llevó a verlo a unos grandes almacenes y él me pidió un autógrafo", diría, y al hacerse adulta sin repercusión en las pantallas, se convirtió en la férrea conservadora con cargos de embajadora de Estados Unidos en Ghana y la entonces Checoslovaquia, así como jefa de protocolo de la Casa Blanca.

Mary Badham, nominada al Oscar en 1962 por hacer el papel de la hija de Atticus Finch en To Kill a Mockingbird, simplemente se convirtió en restauradora de arte, fuera del mundo del espectáculo.

Algo que también hizo Justin Henry, el niño que llegó a participar por el Oscar con ocho años como Mejor Actor de Reparto pero vio cómo se lo llevaban sus padres divorciados en Kramer vs. Kramer, Dustin Hoffman y Meryl Streep.

El pequeño Henry, tras alguna interpretación poco relevante, decidió detener su carrera y retomar los estudios. Tras esa etapa de formación, volvió a la actuación en una nueva era que le ha llevado a series como Lost y al cine independiente.

Esto quizá debería haberlo hecho también Haley Joel Osment, el niño que "a veces veía personas muertas" en El sexto sentido con 11 años y se medía en el Oscar con Michael Caine o Tom Cruise.

Tras Pay it Forward o Inteligencia artificial llegó la edad adulta y su actuación en la vida real le reportó una cita con la fiscalía de Los Ángeles, por cargos de conducción en estado de ebriedad y posesión de mariguana.

ALGUNOS SE SALVAN

En la otra cara de la moneda, Anna Paquin, quien protagonizó uno de los momentos más emocionantes del Oscar al recoger su estatuilla con 11 años y quedarse prácticamente muda, luego participó en películas tan interesantes como Hurlyburly y, sobre todo, la exitosa serie True Blood.

Jodie Foster, tras su impactante interpretación en Taxi Driver, donde con solo 14 años se metió en la piel de una prostituta, se convertiría en una de las actrices más reputadas de Hollywood y ganaría dos Oscar.

Eso sí, nadie le quitó el disgusto de que un fan psicótico atentara el 30 de marzo de 1981 contra el entonces presidente de Estados Unidos, Ronald Reagan, solo para llamar su atención.

EFE