4 de abril de 2012 / 12:49 a.m.

Los diez militares y policías colombianos que fueron liberados el lunes por el grupo guerrillero relataron que permanecieron encadenados durante años, aún así, los seis policías se mostraron dispuestos a reintegrarse a su trabajo.

Bogotá • Los diez militares y policías colombianos que fueron liberados el lunes por las FARC relataron hoy el maltrato al que fueron sometidos durante su largo cautiverio, encadenados durante años, y dieron cuenta de un fallido intento de fuga que por poco les cuesta la vida a algunos de ellos.

"Todos los días nuestras vidas corrían peligro", afirmó el policía Wilson Rojas Medina en una conferencia con la prensa en Bogotá, donde se encuentra desde el lunes por la noche junto a los demás uniformados liberados.

Rojas, intendente jefe de la Policía Nacional, resumió así los peligros que los ahora exrehenes debieron afrontar durante el tiempo que estuvieron en manos de las FARC, alguno hasta más de catorce años, ya que todos ellos fueron hechos cautivos entre 1998 y 1999 en distintas regiones de Colombia.

"Era un peligro diario", apuntó el intendente, quien en alguna ocasión se salvó junto a otros tres secuestrados de morir víctima de un rayo, descarga que mató al guerrillero que hacía de carcelero. Pero además, estos militares y policías afrontaron amenazas y maltrato y, paradójicamente, el asedio de las fuerzas de seguridad, que nunca descartaron la posibilidad del rescate.

"Estuvimos encadenados por largos ocho años (...), es más, encadenados por parejas, las 24 horas del día, en ocasiones estuvimos encadenados de los pies y, en ocasiones, de las manos", denunció Luis Alberto Arcia, sargento del Ejército Nacional, también a los periodistas.

Arcia, que estuvo más de catorce años cautivo, observó que las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) siempre estuvieron expectantes ante una posible operación de rescate militar, caso en el que no iban a permitir que los cautivos salieran con vida.

Sin embargo, una de las peores experiencias la vivieron los policías Jorge Trujillo Solarte y José Libardo Forero, quienes una noche lluviosa huyeron de los rebeldes y lograron permanecer fugados durante un mes.

"Ese día renunciamos a la vida, había que salir, vivir o morir, y salimos", dijo Solarte, mientras que su compañero Forero apuntó: "Pedía a Dios que me diera algo para iluminar y apareció una luciérnaga; el Señor nos había indicado y a partir de ahí sobrevivimos con siete paquetes de galletas y dos arepas", unas tortas de harina de maíz.

El cautiverio también tuvo sus paradojas, como lo expuso el intendente jefe de la Policía Wilson Rojas Medina: "Sentir el asedio de las tropas cuando uno pertenece a las instituciones, sentir el asedio de los aviones y tener que huir. Es algo demasiado duro".

Los seis policías liberados ayer se mostraron hoy dispuestos a seguir en el servicio activo de la Policía Nacional, después de que se emitieran sendos partes médicos emitidos por los hospitales de la Policía y el Ejército sobre la salud de los liberados.

En ambos reportes se estableció que los uniformados están "estables" y presentan "buenas condiciones generales y mentales". Algunos padecieron paludismo y leishmaniasis, ambas enfermedades tropicales comunes, mientras que otros perdieron peso y contrajeron males digestivos, según los mismos informes, que indicaron que varios uniformados deben recibir asistencia en salud mental.

En el caso de los militares, la subdirectora del Hospital Militar, la coronel Clara Galvis, detalló que los exsecuestrados "están en su fase de adaptación, (pues) vienen de un estrés de muchos años, de estar fuera de su realidad, de su familia".

"Están estables, en su parte anímica están adaptándose a esta nueva realidad", añadió la médico, para admitir que el énfasis en la atención de estos exsecuestrados es en la salud mental. El estado de los militares y policías había sido previamente constatado por el presidente Juan Manuel Santos, quien los visitó por separado en sus hospitales.

"Viéndolos libres (...) es un motivo muy importante de regocijo", expresó Santos, quien reiteró que valora en su dimensión este paso de las FARC, pero que también lo considera insuficiente, por cuanto los rebeldes deben dar unas "muestras más fehacientes" de su voluntad de paz.

EFE