Rogelio Agustín Esteban 
1 de julio de 2013 / 07:32 p.m.

 

Chilpancingo • Bajo una estrecha vigilancia militar, aproximadamente mil activistas de la Unión de Pueblos y Organizaciones del Estado de Guerrero (UPOEG) ingresaron a Chilpancingo, en lo que denominaron como “Marcha por la paz y el desarrollo”.

La movilización inició alrededor de las 08:00 de la mañana en la cabecera municipal de Tierra Colorada, en donde se concentraron los contingentes de la UPOEG correspondientes a municipios de la Costa Chica, entre ellos Tecoanapa, Ayutla de los Libres, San Marcos, Cruz Grande, Copala y Cuauhtépec, entre otros.

De Tierra Colorada salieron en caravana a bordo de vehículos compactos y camionetas, la mayoría con mantas de la UPOEG y el Sistema de Seguridad Ciudadana (SSC), no portaron playeras de la Policía Comunitaria (PC) ni marcharon armados.

En Chilpancingo hicieron una parada bajo el puente elevado ubicado en la entrada principal de la comunidad de Petaquillas, en donde recibieron indicaciones de su dirigente Bruno Placido Valerio, en el sentido de que se trataba de una marcha pacífica y que en consecuencia, nadie tenía que portar armas de fuego.

Aproximadamente a 200 metros del puente elevado y en dirección norte se instaló un puesto de revisión de elementos del Ejército Nacional, los que se dieron a la tarea de revisar todas los vehículos que pasaban, con la intención de evitar que los integrantes de la UPOEG llegaran armados a la cabecera municipal.

“No somos de la CRAC”, dijeron algunos representantes de la Unión de Pueblos, lo que no fue suficiente para tranquilizar a los militares, que ordenaron bajar a los ocupantes de las unidades y las revisaron, una vez que confirmaron la ausencia de armas les permitieron seguir su camino.

Al hacer contacto con los mandos militares, Bruno Placido Valerio les garantizó que nadie traería armas de fuego y permitió que se revisara a las unidades, pero solicitó que no se detuviera a los campesinos que marchaban sobre la cinta de asfalto.

El comandante de la comunidad de El Mezón, Ernesto Gallardo Grande solicitó a los mandos castrenses que se permitiera el ingreso de cuatro elementos que integraban su escolta con pistolas de bajo calibre, el oficial a cargo del puesto de control mantuvo la negativa, aunque ofreció quedarse las armas bajo su custodia y devolverlas en las instalaciones del 50 batallón de infantería.

Gallardo Grande aceptó la propuesta, lo que permitió que la marcha continuara su trayecto hacia la mancha urbana sin complicaciones.