22 de febrero de 2013 / 03:17 p.m.

La adolescente perdió en la tragedia a su madre, su padre, sus dos hermanos y su esposo, dejándola a ella y su pequeño de diez meses sin protección alguna.

 

Monterrey.- Dos de las principales víctimas colaterales que dejó la masacre de la colonia 5 de Mayo, en el norte de Monterrey, son una joven de 17 años, y su pequeño hijo de tan sólo 10 meses.

La adolescente perdió no sólo a su esposo, sino también a sus padres y a sus dos hermanos.

Es el lado de la tragedia que no siempre se ve, o que simplemente no se quiere ver: el de las familias desamparadas, de las mujeres viudas y los hijos huérfanos.

Los padres de la joven fueron identificados como Alfredo Flores Esparza y Juana María Villegas Aguilar, de 34 y 32 años, respectivamente.

El esposo se llamaba Antonio Bocanegra Hernández, de 22 años y quien trabajaba como ayudante en el negocio de compra y venta de chatarra de Alfredo.

Los dos hermanos menores de la adolescente, fallecidos en el ataque a balazos, son José Alfredo y Osiris Guadalupe Flores Villegas, de 15 y 10 años, respectivamente.

El otro joven que perdió la vida en la masacre se llamaba Claudio Flores Esquivel, de 19 años. Él también era ayudante y vivía a una cuadra de la “"compra"”.

La noche del jueves aún no comenzaban los funerales. El cuerpo de Claudio sería velado en su domicilio, mientras que de las otras cinco víctimas no se informó.

Un hermano de Alfredo Flores Esparza señaló que el ahora occiso se dedicaba a esa actividad desde hacía varios años.

Tenía cuatro meses rentando el local de la avenida Camino Real a la altura de la calle Primero de Mayo, en la colonia 5 de Mayo, ubicada en las faldas del cerro del Topo Chico, en el norte de Monterrey.

Aseguró que, además de tristes y consternados, los familiares se encuentran contrariados por la forma en que fueron ultimados sus seres queridos.

Negó que su consanguíneo tuviera problemas con alguien, o que hubiera sido molestado, presionado o extorsionado por integrantes de la delincuencia organizada.

Admitió que la tarde del miércoles, cuando se cometió el múltiple asesinato, las víctimas acababan de regresar del velorio de un compadre de Alfredo, plagiado y ejecutado por el crimen organizado apenas una semana antes.

Indicó que su hermano estaba muy entusiasmado, e inclusive estaba organizando una reunión familiar en la casa de sus padres, en un predio ubicado hacia el norte de la colonia Topo Chico.

A su vez, el pequeño Osiris Guadalupe también estaba feliz, pues en pocas semanas haría la Primera Comunión y sus padres le estaban organizando una fiesta.

Para los gastos funerarios, agregó, el DIF del Estado los apoyó en todo momento, aunque aún quedaba pendiente el pago de casi 18 mil pesos, por lo que esperaban la ayuda del DIF de Monterrey.

AGUSTÍN MARTÍNEZ