11 de agosto de 2013 / 02:23 p.m.

El 11 de agosto María Espinoza se inmortalizó. En una complicada jornada y llegando como campeona olímpica, logró colgarse la medalla de bronce en Londres, segunda en su historia olímpica, pero además de ser de otro color (tras el oro en Pekín), lo logró después de entrenar durante meses separada del resto del equipo nacional.

Tras ganar su primer combate, María cayó con Milica Mandic (Serbia) en la segunda ronda, por lo que su única posibilidad de medalla era el bronce. Y llegó para salvar la actuación de la delegación tricolor de esta disciplina, luego de que en días anteriores los otros tres mexicanos (Jannet Alegría, Érick Osornio y Diego García) fallaron.

María mantuvo la racha de ver a un atleta mexicano subir al podio desde que este deporte fue incluido en el programa olímpico en Sidney 2000. A un año de este logro, Espinoza solo ve este momento como un simple recuerdo.

Después de un año, ¿ya asimilaste la medalla de bronce, la segunda presea olímpica en tu carrera deportiva? Creo que conseguir una segunda medalla lo he asimilado muy bien porque ya tienes la experiencia de lo que es la primera. Lo tomas con más madurez y con la responsabilidad de traer una medalla olímpica. Claro que lo disfruté mucho cuando estaba en el podio, fue trabajo de todos lograrla.

¿Sabe menos este bronce al oro de Pekín 2008? Son diferentes situaciones, la primera se disfruta como una experiencia nueva, la segunda ya sabía a lo que iba. Mi objetivo era muy claro y creo que se disfruta diferente, pero de igual manera es una medalla olímpica que queda para la historia. No porque sea de bronce no se va a disfrutar igual a la de oro. Al momento de que consigo la medalla para México fue como darle un regalo a mi país y a la gente.

¿La medalla olímpica le cambia la vida a un deportista? Creo que sí porque tienes más oportunidades, se te abren muchas puertas, pero también dentro de ese cambio vienen muchas responsabilidades como medallista olímpico.

Es algo que también tiene que asimilar uno como deportista. Entre esos cambios está que tienes más fuerza como deportista, en el sentido que te escuchan más fácil que a cuando no tienes nada y eso es una de las cosas que pasa con una medalla. Te cambia también económicamente porque notas un cambio muy bueno en tu vida tanto con becas, patrocinios, universidad, y eso es bueno.

¿Cómo recuerdas el 11 de agosto de 2012? Fue un día de mucho estrés, ya que había mucha presión, pero tenía muy claro lo que iba a hacer en ese momento y cómo se iba a abrir en el camino, lo que era la grá?ca principalmente.

Tuve una muy buena grá?ca, desafortunadamente caí en la segunda ronda con la serbia y afortunadamente tuve la oportunidad de ir por el bronce, fue algo que tanto mi entrenador como yo lo buscamos mucho y era una medalla que ya nadie nos arrebataba.

Fue un momento de mucha gloria el que logré, lo que quería para mí, mi entrenador y para mi equipo y para el país, fue algo muy padre. El momento que subí al podio y me pusieron la medalla olímpica es algo que se queda para toda tu vida.

¿Dónde guardas tus medallas olímpicas? No sé la verdad dónde estén, porque las tienen mis papás. Ellos son los que guardan las dos preseas. Es un regalo para ellos y se encargan de cuidarlas. Es como si no tuviera nada. Vivo el momento de unos Juegos Olímpicos porque ahora sigo compitiendo, entrenando, no es algo que esté enseñando siempre, es un recuerdo y hasta ahí queda.

¿Ahora estas enfocada en un nuevo ciclo olímpico dejando todos esos logros atrás? Vienen cosas diferentes y competencias diferentes y en cada una de ellas es otro objetivo. Desde que gané la primera medalla nunca me he sentado a pensar qué es lo que tengo, sino más bien que es lo que quiero. Nunca he festejado esas fechas, más bien me lo recuerdan y ya no pasa de ahí. Ahora estoy en la disposición de disfrutar este ciclo, el entrenamiento y cada una de las competencias.

CARLOS CRUZ