6 de marzo de 2013 / 03:23 a.m.

Monterrey.- • Cansada de soportar las agresiones sexuales y tortura que sufría de manos de su padre desde que tenía cuatro años, una niña de ocho escapó de su casa y horas después logró que las autoridades capturaran a su verdugo, quien junto con su madre ya se encuentra recluido desde este lunes en el penal del Topo Chico.

La triste y trágica historia de la pequeña Perla se descubrió el pasado 29 de enero, cuando escapó del domicilio ubicada en una vecindad de la calle Julián Villarreal número 227, de la colonia Del Maestro, en Monterrey.

Ese día, la niña, que no acude a la escuela, se libró del yugo que vivía al lado de su papá Rosendo Ramos Rubio, de 31 años, de oficio albañil, quien en mayo del año pasado se había separado de su madre Judith Hernández Medina, de 28 años.

El día que escapó, la menor deambuló varias horas hasta que recibió ayuda de una pareja de ancianos que se la entregaron a elementos de Fuerza Civil, quienes a su vez la llevaron con el juez calificador que detectó el maltrato infantil que padecía, por lo que de inmediato dejó el caso en manos de personal del DIF Capullos.

En el DIF, Perlita detalló que Rosendo la golpeaba con los puños, a patadas, con un cinto o con un cable y que además le ponía cinta en la boca, las manos y los pies.

Dijo que en algunas ocasiones y con ayuda de su madre, antes de que se separaran, le introducía un cable por donde hace pipi o en la boca y lo conectaba para quemarla.

También comentó que le deformó su oreja derecha porque un día se la dobló hasta que le tronó, al igual que el hueso de su pierna izquierda, por lo que no puede caminar bien.

A las lesiones que mencionó la menor, se sumaron otras detectadas por los médicos que la analizaron, quienes se percataron que le faltaban varias piezas dentales a consecuencia de un puñetazo que recibió y parte de cuero cabelludo que le arrancó a estirones.

Los dictámenes que le practicaron revelaron que fue víctima de tortura, agresión sexual, múltiples lesiones antiguas y quemaduras con cigarros y aceite en manos, antebrazos, espalda, glúteos y ambas piernas.

Aunque todo eso está acreditado con diversas pruebas periciales, los acusados se apegaron a los beneficios del artículo 20 al rendir su declaración preparatoria ante el juez quinto penal de Monterrey.

Dicho juzgador les giró la orden de aprehensión por equiparable a la violación, violencia familiar y lesiones cometidas en contra de menores de 12 años de edad.

Él fue notificado del ordenamiento en la casa del arraigo, donde se encontraba bajo investigación desde el día que trascendieron los hechos y Judith Hernández fue capturada en cumplimiento a lo dispuesto por dicho juzgador.

REDACCIÓN