24 de febrero de 2013 / 05:33 p.m.

Monterrey • En el curso del siglo XXI, la siguiente potencia económica global no será la India ni China, sino México, un país en el que la violencia, la impunidad y la corrupción son sólo parte de la historia, pues la otra cara habla de una nación que ya no desea ser vista como cuna de narcossino como una potencia tecnológica, aseguró Thomas L. Friedman.

El periodista del diario The New York Times escribió estos conceptos en una columna publicada en el rotativo neoyorquino con el título “Cómo México volvió a estar en el juego”. Triple ganador del Premio Pulitzer y experto en globalización, Friedman participó hace una semana en la XXVIII Reunión Anual de Consejeros del Sistema Tecnológico de Monterrey, y el miércoles recorrió en la universidad instalaciones como el InnovAction Gym, el segmento Learning Commons de la biblioteca y el Centro de Biotecnología.

Lo que vio en el Tecnológico de Monterrey y en otras partes de la ciudad le llevó a comentar que algo parece haber cambiado en México: como si los mexicanos hubieran decidido que quizás tengan que vivir en medio de la violencia asociada a las drogas, pero que eso ya no los va a definir.

Hoy día, escribió Friedman, México está “recuperando de Asia participación en el mercado de manufacturas, y está atrayendo más inversión global que nunca en automóviles, partes aeroespaciales y electrodomésticos”.

UNA VENTANA ABIERTACitando a The Financial Times y su declaración de que México exporta más productos manufacturados que todo el resto de América Latina, Friedman se dijo sorprendido por la cantidad de nuevas empresas tecnológicas que están surgiendo entre los jóvenes mexicanos.

Una de sus fuentes es Patrick Kane Zambrano, quien dirige el Centro de Integración Ciudadana (tehuan.cic.mx), una red que grafica en tiempo real toda clase de sucesos en la zona metropolitana de Monterrey, desde desperfectos en los servicios públicos hasta tiroteos.

Otra fuente es Bernardo Bichara, presidente del mismo CIC, quien apuntó que la web ha democratizado primero el comercio, luego el periodismo y ahora lo está haciendo con la democracia.

“Si el secretario de Estado John Kerry está en busca de una nueva agenda”, recomienda Friedman, “podría querer enfocarla en forjar una integración más estrecha con México en vez de chocar su cabeza contra las rocas de Israel, Palestina, Afganistán o Siria”. Y como ejemplo, dice que no tiene nada de inteligente comerciar cada día mil 500 millones de dólares con México... y gastar en Afganistán, diariamente, mil millones de dólares.

México es más que pura violencia. Friedman cuenta la historia de un funcionario del Tec de Monterrey cuyo hijo, recién regresado de Afganistán, no puede visitar a su padre en México por las alertas de viajes del Departamento de Estado, algo por lo menos irónico.

Y como muestra de cómo el país está entrando en una nueva percepción de su propio entorno, Friedman cita a Blanca Treviño, presidenta y fundadora de Softtek, quien le dijo: “Siempre creímos que nuestros partidos políticos debían actuar como los de Estados Unidos. Ya no. Siempre creímos que nuestro gobierno debía funcionar como el de Estados Unidos. Ya no”.

Si las capacidades de manufactura e innovación mexicanas se integraran mejor al ecosistema industrial estadunidense, vaticina el autor de The world is flat: A brief history of the twenty-first century, todos saldrían ganando: las empresas en Estados Unidos serían más rentables y competitivas, los mexicanos tendrían más razones para quedarse en México. Y hasta la violencia se reduciría.

HORACIO SALAZAR