— CRÓNICA POR PEDRO DOMÍNGUEZ
25 de agosto de 2013 / 05:08 p.m.

 Estado de Mexico • Noventa aviones y helicópteros surcaron el cielo de la Base Militar de Santa Lucía frente a más de 215 mil personas que asistieron al Tercer Espectáculo Aéreo “Fuerzas Armadas: Pasión por Servir a México”.

Por tercer año consecutivo se realizó el acto y se rompió el récord de asistencia, como parte de las celebraciones del centenario de las fuerzas armadas.

El fin es estrechar los vínculos entre la sociedad civil y los elementos castrenses. “Mi hijo nomás anda pidiendo autógrafos a todos los que ve; les pide que le firmen el póster que le regalaron aquí afuera”, expresó Gerardo Castillo.

Cientos de familias de Hidalgo, Estado de México y Distrito Federal llegaron al municipio de Tecámac para ver volar a las aeronaves de guerra y carga del Ejército.

Este sábado, no importó sacrificar unas horas de sueño ni estar bajo el rayo del sol. El espectáculo valía la pena.

Desde las 5:00 de la mañana se permitió el acceso a los visitantes. Los más precavidos y con mejor lugar llegaron alrededor de las 6:00, a pesar de que faltaban entonces cinco horas para que arrancara el espectáculo.

Pero fueron precavidos. Cobijas, alimento, refrescos, agua fresca y hasta casas de campaña llegaron a la explanada, desde donde fue posible ver el espectáculo.

“Salimos de Texcoco desde las 5:00, pasamos a comprar unas cosas y ya a las 6:30 llegamos aquí. Trajimos cosas para acampar, porque va a estar bueno el sol”, explicó Rafael Bañales, uno de los asistentes.

Inauguró la mañana un grupo de nueve aviones Pilatus C-7 en formación diamante, soltando humo con los colores de la bandera de México.

A partir de entonces, los asistentes quedaron cautivados. Al pasar un avión alzaban los brazos a la orden del animador para saludar a los pilotos y gritaban de nervios en ejecuciones complicadas y de alto riesgo.

Uno de los momentos cumbre fue el salto de 98 paracaidistas de un avión Hércules y 24 más de dos helicópteros. Cuando la emoción se desbordó fue cuando uno de los militares que descendía desplegó la bandera de México y ondeó en todo su esplendor por el cielo de la base militar.

Mientras se desarrolló el espectáculo y en todo momento, pilotos de la Escuela Militar de Aviación, soldados y altos mandos del Ejército se mezclaron entre la gente para disfrutar igualmente de las acrobacias en el aire y convivir con la sociedad civil. Ayer no hubo distinciones.

Pero quienes se robaron el corazón de la gente fueron los aviones Tigre F-5, los más poderosos, los más ruidosos, que en varias ocasiones rugieron sus motores a muy baja altura, dejando mudo y sordo hasta al más valiente.

Las familias convivieron en total calma. Bastó con apartar un buen lugar en el suelo y hacer sombra para pasar tres horas emocionantes.